jueves, 26 de marzo de 2015

Tipo de cambio: la jarana sale a la cara





Tipo de cambio: la jarana sale a la cara
Luis Paulino Vargas Solís

Es comprensible que, en general, prefiramos un tipo de cambio en 540 colones por dólar, en vez de 600 o 620. Ello permite que los productos importados –incluidos autos del año- nos lleguen más baratos de lo que de otra forma nos resultarían, como también ello facilita irnos de paseo al extranjero, no solo porque los tiquetes de avión nos resultarán más cómodos, sino porque posiblemente hallaremos que en el país adonde vamos, “todo está baratísimo”.  Podremos así adquirir celulares, pantallas, tabletas y computadoras y cargar muchos regalos para familiares y amistades, todo lo cual embellecerá grandemente nuestra imagen de personajes cosmopolitas e internacionales.

De modo similar, hay actividades económicas que se sentirán complacidas. El comercio importador, desde luego, sea lo que fuere que traigan: desde autos del año –como ya dije- a frijoles y arroz. Las agencias de viajes también estarán contentas de poder ofrecer, a tarifas muy cómodas, “paquetes para ir a ver a la sele” o cualquier otra ganga para viajar a Cancún u Orlando. Por su parte, la banca también se siente en su charco: puede endeudarse, traer capitales en dólares y colocar créditos en dólares…incluso entre gente que gana en colones. Y como tanta estabilidad del tipo de cambio además propicia que la inflación sea relativamente baja, pues, como dicen, “miel sobre hojuelas”: en sus créditos en colones, los bancos cobrarán a la industria o la agricultura tasas de interés que exceden en 10 o 12 puntos el índice de inflación. Como dice una persona que conozco “¿va a llorar?”. El negocio es redondo.

Ganadores
Para otra gente la cosa no resulta tan bonita. No es difícil demostrar las razones. Cosa de buscar los índices de inflación y el comportamiento del tipo de cambio de los países que exportan iguales o similares productos que los que nuestro país exporta. Y hacer otro tanto con los países que compran lo que exportamos. Con el paso de los años –sin exagerar les aseguro que la cuestión empezó allá por 2006- se verá que se acumula una diferencia negativa en contra nuestra, pues nuestros índices inflacionarios en general han tendido a ser superiores, mientras el tipo de cambio prácticamente no se movía (recordemos que por varios años se mantuvo en 500 colones por dólar, y por ya cerca de un año lo dejaron varado en 540). De ahí que resulte atractivo comprar cosas importadas o viajar con frecuencia al extranjero.

Perdedores
Y, sin embargo, ese panorama tan soleado se vuelve tormentoso cuando miramos las actividades productivas vinculadas a la exportación y el turismo o las que producen mercancías que compiten con productos importados. Fácil resulta ubicar galletas importadas baratas –o mermeladas o cerveza o pastas- en los anaqueles de los supermercados, como comprensible resulta que el comerciante importador de arroz presione para que se liberalicen las respectivas importaciones, puesto que el tipo de cambio le facilitará traerlo más barato. Cierto, salen dañadas las actividades de exportación y las turísticas. Y aunque esto involucra trasnacionales muy poderosas, también hay ahí una plétora de empresas nacionales de diverso tamaño –incluso muchas pequeñas- que generan una cuota importante de empleos. Pero es igualmente cierto, como he explicado, que salen dañadas empresas y actividades que enfrentan la competencia de productos importados.

Y si la banca o el comercio importador saben bien lo conveniente que les resulta esa situación del colón, en cambio resulta obvio que entre los sectores perjudicados hay poca claridad sobre el castigo que se les inflige. Quizá debido a que también ellos están bajo el hechizo que hace imaginar que un tipo de cambio bajo y estable es algo bueno porque sí.

Claro está que esa situación del colón frente al dólar abarata también la importación de insumos. Y no es extraño entonces que el fabricante de pastas o galletas o el frijolero agradezcan ese estado de cosas. Y, sin embargo, es harto improbable que ese efecto positivo compense el daño que las importaciones baratas de productos competitivos les provoca. Pero, además, ello también le causa perjuicio a la economía en su conjunto porque desincentiva la producción nacional de insumos y productos intermedios y propicia la dependencia de las respectivas importaciones. Lo cual agrava los desequilibrios negativos o déficits en nuestra balanza de pagos y además impide el surgimiento de nuevas actividades productivas, proveedoras de tales insumos, como también bloquea el desarrollo de encadenamientos productivos al interior de nuestra economía. Todo lo cual implica perder posibilidades de generar más empleos, y agrava la fragilidad y vulnerabilidad de la economía nacional.

Ganadores
Así, las empresas y actividades de exportación, turismo y que compiten con importaciones van viendo como las cosas se ponen cuesta arriba; su capacidad competitiva va degradándose. Pueden intentar compensar ese efecto negativo bajando los salarios. Y, de hecho, parece que lo han intentado, según se desprende de la evolución registrada por los salarios (medidos según su poder adquisitivo real). Pero ése es, hasta en el mejor de los casos, un mecanismo socialmente peligroso, que además daña adicionalmente a las empresas que producen para el mercado nacional, cuya demanda flaquea al flaquear los salarios (y mucho más dada la pésima situación del empleo). Puede también intentar mejorar su productividad, pero ello exige inversiones en mejores tecnologías, lo cual supone una capacidad financiera que pocas empresas tienen…menos aun cuando el financiamiento bancario anda por las nubes.

La jarana sale así a la cara: el paraíso soñado de un tipo de cambio bajo –que incentiva importar, consumir y viajar- se revierte como un casi-estancamiento de la economía y desemboca en un agudo deterioro de la situación del empleo. Ya que, aun cuando esto sea beneficioso para el comercio importador, la banca y algunos servicios, la mayor parte de la economía –incluso partes sustanciales de los sectores agropecuarios, industrial y, por supuesto, todo el engranaje de servicios vinculado al
Perdedores
turismo- se ve perjudicada.

Al cabo, ese paraíso del consumo poco significa para las personas desempleadas, o para aquellas que tienen que resignarse con empleos malos o con la simple y desnuda precariedad laboral. Y siendo verdad que ello produce rezago creciente en la economía nacional, además impacta negativamente sobre las finanzas públicas y el déficit fiscal, puesto que los ingresos del gobierno salen  afectados por la ralentización económica.

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domingo, 15 de marzo de 2015

Diversidades sexuales en Costa Rica ¿un caso de doble personalidad?



Diversidades sexuales en Costa Rica ¿un caso de doble personalidad?
Luis Paulino Vargas Solís

Todavía a finales del siglo pasado –dígase 1998 o 99- los bares gay-lésbicos procuraban mantenerse tan imperceptibles como fuera posible. Ya por entonces, sin embargo, se había hecho innecesario poner en funcionamiento mecanismos especiales de alerta que advirtiesen de la llegada de policías. Es que apenas unos años antes, en los ochentas por ejemplo, la visita de los “pacos” obligaba a romper la rutina normal de esos establecimientos: había que “fingir heterosexualidad” puesto que si te pillaban besando a tu novio podías terminar la noche entumido de frío en una celda. En aquellos años de fines de siglo, la policía seguía haciendo sus visitas –siempre poniendo cara de bulldog- a aquellos lugares de aspecto exterior tan discreto, pero ya nadie se sentía en la obligación de experimentar un repentino ataque de heterosexualidad.

De cualquier forma, visibilizarse públicamente seguía siendo una hazaña cuyo heroísmo lo transformaría a uno en kamikaze. Ya por entonces se intentaron algunos encuentros –recuerdo en especial el que se hizo en octubre de 1998 en una casa de barrio La Granja- y así empezaba a surgir cierta conciencia política. Pero a nadie se le ocurría hacer una marcha a la luz del día por las calles de San José. Excepto, quizá, si se usaran capuchas que hicieran imposible reconocer ningún rostro. Pero ni siquiera de esa forma se intentó.

Unos años después, en 2003, el abogado Yashin Castrillo impactó el medio nacional con su reclamo -corajudamente asumido en soledad- ante la Sala Constitucional demandando igualdad para las parejas del mismo sexo. Ello anticipó la acontecido hacia 2005-2006, cuando se hizo usual ver en la televisión o en fotografías en la prensa escrita, a un hombre joven de rostro moreno y rubicundo: era Abelardo Araya, quien, en otro alarde de valentía e irreverencia, y solito, solito –sin nadie más a su lado- una y otra vez daba la cara ante Costa Rica entera, dándole al asunto un tono explícitamente político para reivindicar que había un grupo de personas –parte también de este país- cuya orientación sexual y/o identidad de género eran distinta de la mayoritaria, y las cuales reclamaban no ser discriminadas en razón de tal diferencia.

Luego todo se aceleraría notablemente. Creo que la cosa flotaba en el ambiente, en buena medida por influencias venidas de otros países donde el cambio se había adelantado sustancialmente. Ese impacto se agrandaba gracias a los nuevos medios que proporcionaban las tecnologías de la información, en particular internet. En ese contexto, el arrojo de Yashin y Abelardo fue como encender unas hojarascas secas a partir de lo cual prendió la conflagración.

Subrayemos un detalle: hasta el día de hoy Costa Rica sigue siendo un país homofóbico, lleno de incomprensión y violencia contra las personas sexualmente diversas. La violencia contra las lesbianas afortunadamente se visibiliza ahora como parte de la violencia de género contra las mujeres  en general. La violencia contra los gais permanece oculta, sistemáticamente negada. La violencia contra las personas trans –en particular quienes asumen una identidad, digamos que femenina, siendo su sexo biológico original masculino- es extrema y brutal, y goza de gran legitimación social.

Y, sin embargo, es cierto que en esta materia la sociedad costarricense ha cambiado notablemente y en un período bastante corto. La visibilidad pública que Abelardo y Yashin se atrevieron a asumir en soledad, posteriormente se volvió epidemia: muchos y muchas les hemos imitado. Hay, pues, una vertiente de cambio social empujado por la eclosión cultural del colectivo de las diversidades sexuales. Esta sociedad ha debido enfrentar sus propios fantasmas. No le ha quedado de otra si no admitir que lo negado y oculto, no por ello dejaba de existir. Ahora debe reconocer –aunque a regañadientes y con gran incomodidad-  que “esas personas” efectivamente está ahí, incluso en la propia familia; en la oficina o el taller donde se trabaja; en el aula donde se estudia; en el asiento del lado en el bus o en la fila en el banco.

Así este colectivo va gestando, usualmente sin siquiera darse cuenta, una revolución cultural mayúscula. Porque reivindica una concepción y una vivencia de la sexualidad que rompe con los cánones hegemónicos, y porque gesta muy diferentes formas de familia. Pero, sobre todo, porque hace proliferar las identidades de género, las cuales dentro de este colectivo adquieren multiplicidad de matices y gradaciones. Ello ratifica que el binarismo  hombre-mujer es solo un dispositivo de poder que aprisiona los cuerpos empobreciendo la subjetividad de las personas. Esto amplía y enriquece procesos de cambio detonados por el feminismo y los movimientos de mujeres.

Abelardo Araya
El colectivo de las diversidades sexuales alimenta así una revolución cultural, y ello es posible gracias a su desfachatez e irreverencia, al desenfado con que desafía las normas tradicionales sobre familia, sexualidad y género. Y la sociedad costarricense va como a remolque de esta correntada. Entre la gente joven el proceso ha avanzado más, sin que ello implique, ni mucho menos, que los prejuicios hayan desaparecido. Para la población de más edad, esto es motivo de perplejidad. Un sector muy importante se aferra al odio y los estereotipos infamantes. Nada de lo cual detiene el cambio cultural en curso.

Paradójicamente, las expresiones políticas de este colectivo se mantienen muy a la zaga respecto de su dinámica cultural. Y en los últimos tiempos la brecha se ahonda más y más. Ello puede ser ilustrado recordando la intensa agitación política durante los meses de mayo y junio de 2012, tras la elección de Justo Orozco como presidente de la comisión legislativa de derechos humanos. En cosa de pocas semanas se realizaron dos marchas –la de “invisibles” y la del orgullo- ambas teñidas de mensajes políticos de protesta. Y en las redes virtuales y en los medios de comunicación hervía la indignación. Vino entonces la convocatoria a casa presidencial de las usuales dirigencias del movimiento. Palmaditas, promesas y algunos mensajes de calculada conciliación. El gobierno logró lo que buscaba: neutralizar el movimiento de protesta.

De entonces a la fecha, y sobre todo tras la llegada a la presidencia de Luis Guillermo Solís, la expresión política de este colectivo se desliza cuesta abajo, en irrefrenable declive. Si en mayo-junio de 2012 vimos levantarse un tigre rugiente y furioso, hoy lo que tenemos es un tigre de papel pegado en la pared.

Es como al modo de un caso de doble personalidad: un colectivo culturalmente vigoroso, que se vuelve tímido y balbuceante cuando entra a la esfera de lo político.

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jueves, 5 de marzo de 2015

Costa Rica: crisis del empleo y mentiritas empresariales



Costa Rica: crisis del empleo y mentiritas empresariales

Luis Paulino Vargas Solís

Es seguramente cierto que la economía de Costa Rica ha perdido competitividad, lo cual tiene importancia en cuanto somos una economía capitalista y una parte mayoritaria del empleo y la producción depende de industrias y empresas que funcionan bajo reglas capitalistas, es decir, guiadas principalmente por criterios de ganancia, lo cual les exige cierto nivel mínimo de competitividad. En ese punto llevan razón las cámaras empresariales. Y, sin embargo, está claro que estos poderosos sectores no ofrecen un diagnóstico que merezca consideración alguna. Sus irrespetuosas estridencias, cargadas de cinismo, son un monumento a la charlatanería y la irresponsabilidad.

Han mentido de manera desvergonzada en relación con el precio de la electricidad y los niveles de tributación que afectan las ganancias empresariales. Y mientras mienten, al mismo tiempo promueven la irresponsabilidad tributaria y el ataque a los sistemas de seguridad social, todo lo cual adquiere el cariz de una imprudente y peligrosa guerra de clases promovida desde arriba.

Más allá de toda esa histeria empresarial, es cierto que hay un fondo
Estridencias empresariales en los medios
económico problemático, que afecta no tanto a esas cúpulas empresariales poderosas, sino a la economía en su conjunto y, en especial, a la amplia base de empresas pequeñas y medianas. Haciendo de lado tanta superchería y destemplanza, propongo aquí un ejercicio de reflexión que, muy en síntesis, se esfuerza por aportar un punto de vista serio y fundamentado.

1) Estos problemas que tanto furor levantan hoy no son novedosos en absoluto: el bajo crecimiento de la economía y la pésima –más bien catastrófica- situación del empleo son problemas que se remontan a 2009. Es una especie de crisis económica larvada y silenciosa;   un estado de depresión económica que no se manifiesta como un colapso repentino y violento, sino como un largo proceso de estancamiento y gradual retroceso. O sea, resulta verdaderamente grotesco que quieran hacer pasar por nuevo lo que para un millón de trabajadoras y trabajadores costarricenses ha sido motivo de angustia laboral por más de un quinquenio.

2) Como ya dije, la costarricense es predominantemente una economía capitalista. Por su parte, el capitalismo se orienta hacia la acumulación incesante de capitales –o sea hacia el crecimiento económico- pero ese movimiento expansivo está regulado por la ganancia, es decir, por la tasa de rentabilidad que se obtiene sobre las inversiones empresariales. Pero las inversiones, como las ganancias que puedan obtenerse, están siempre envueltas en una nebulosa de incertidumbres; las empresas saben cuánto ganaron (o perdieron) en el pasado pero no cuánto ganarán en el futuro, con el agravante de que sus inversiones son siempre una apuesta al futuro construida sobre el terreno inestable de las expectativas empresariales. A veces son certeras y exitosas y otras veces no. Para que una inversión realizada hoy pueda dar los frutos esperados, se requerirá que en los años venideros haya mercados en expansión donde colocar la producción que resulta de esas nuevas inversiones. Y, con seguridad, ahí empiezan los problemas que la economía costarricense viene padeciendo. Es muy factible que las anticipaciones optimistas que prevalecían en los años de auge de 2006-2007, y aún los momentáneos y no muy vigorosos rebrotes de entusiasmo que surgieron hacia 2012, luego se hayan topado con la realidad de mercados que se muestran poco propicios. Las expectativas empresariales han ido chocando con realidades poco halagüeñas lo que, progresivamente, profundiza el ambiente sombrío y, con ello, perpetúa la debilidad de la economía.

El líder de la arremetida empresarial
3) Inciden en todo esto varias tendencias negativas que confluyen y se refuerzan:

a) El comportamiento frágil y vacilante de la economía mundial durante el período posterior a la fase aguda (2008-2009) de la crisis mundial. Dada la amplitud y características de la apertura de la economía costarricense-en gran medida influida por los tratados comerciales-, ello perjudica el desempeño de las exportaciones y el turismo, en especial cuando se trata de empresas nacionales pequeñas y medianas.

b) Pero también impactan –incluso de forma más severa- varios factores internos. Primero, el agudo deterioro que el empleo registró en 2009 a raíz del impacto de la crisis mundial. Ello juega en contra de las empresas que producen para el mercado nacional, el cual pierde capacidad de demanda al deteriorarse el poder adquisitivo de quienes padecen situaciones laborales anómalas. En cuanto los problemas del empleo persisten y se agravan, con ello se favorece que los salarios se deterioren, puesto que a las empresas les sobran personas a quienes contratar pagándoles menos. Pero al hacerlo así el mercado interno se debilita aún más y, de nueva cuenta, ello incide negativamente sobre los problemas del empleo.

c) Desde finales de 2005, el tipo de cambio colón-dólar entra en un movimiento de mediano y largo plazo que tiende a ubicarlo en niveles artificiales. Ello es así puesto que los niveles de inflación en Costa Rica se mantienen sostenidamente por encima de los índices de inflación de la mayoría de los países con los que se comercia. Esto crea una situación de creciente estrés competitivo para las empresas exportadoras y turísticas –en especial las de capital nacional pequeñas y medianas- así como para las que compiten con productos importados. Tal es, posiblemente, el fardo más pesado que hoy frena la creación de empleos. Hay básicamente dos vías para tratar de compensar esa creciente desventaja: mediante reducción de los salarios reales o a través de ganancias sustanciales de productividad. Lo primero efectivamente se viene intentando, con dañinas consecuencias sociales y debilitando adicionalmente –como expliqué más arriba- el mercado interno con perjuicio para las empresas que producen para este último, lo cual lastra el desempeño general de la economía. Lo segundo encuentra limitaciones en factores generales de la propia economía costarricense –como las grandes falencias de la infraestructura de transportes y el conservadurismo del empresariado tico- y en la limitada capacidad inversora que, sobre todo en las actuales circunstancias, enfrentan muchas empresas, puesto que para mejorar la productividad se necesitan inversiones que incorporen tecnologías más avanzadas. Mas no olvidemos que tales tecnologías tienden a destruir empleos, cosa indeseable en nuestras actuales circunstancias.

d) Esa disminuida capacidad para la inversión que modernice los sistemas productivos de las empresas, encuentra una limitación adicional en el altísimo costo de financiamiento. Con tasas de interés superiores al 15%, solo empresas muy rentables podrían asumir tales créditos. 

e) La combinación “tipo de cambio sobrevaluado + elevadas tasas de interés” –con todos sus nefastas consecuencias sobre la producción y el empleo- configura una juego rentístico-financiero, ampliamente favorable a la banca (pública y privada). Es una situación deplorable cuyo principal responsable es el Banco Central.

d) Esta combinación de factores objetivos interactúa con y refuerzan los factores sicológicos sombríos. Las pesimistas expectativas empresariales se refuerzan así en círculo vicioso. De ahí que el estancamiento tienda a perpetuarse. Se necesitará una muy significativa reorientación de la política económica, en ámbitos como la inversión pública, tasas de interés y crédito y, en particular, corrección del tipo de cambio, para que pueda haber a corto plazo una recuperación económica significativa, la cual, sin embargo, estará inevitablemente influida por lo que pase en la economía mundial.

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sábado, 21 de febrero de 2015

Crisis griega ¿Quién juega con fuego?



Crisis griega ¿Quién juega con fuego?

Luis Paulino Vargas Solís

La situación que hoy vive Grecia resulta violentamente paradójica; un desconcertante oxímoron. El nuevo gobierno de Syriza, bajo la conducción de Alexis Tsipras (un joven hombre de 40 años) intenta algo absolutamente elemental: sacar a su país de la profunda depresión económica en que se encuentra y devolver a la población griega un mínimo de dignidad y decoro en sus vidas. Para ello es indispensable renegociar los términos draconianos de los acuerdos adoptados en relación con la deuda griega, y revertir las políticas de austeridad, lo que significa, como es obvio, volver a destinar recursos para salud y educación y recuperar la inversión pública.

Y, sin embargo, para el resto de Europa –y en particular para la implacable y poderosa Alemania- todo eso es inaceptable. Pero lo más simpático de todo es que se amenaza a Grecia diciéndole que de no hacer lo que se le dice (o sea: lo que se le exige e impone) sobrevendrán grandes catástrofes: recesión, desempleo…ruina económica. Bueno, pero sí exactamente eso es lo que Grecia ha tenido por cinco años consecutivos: una depresión económica en toda la regla, la cual, guardando las proporciones del caso (por ser Grecia una economía pequeñita) es de unas dimensiones y profundidad tales, que se compara con ventaja con la Gran Depresión de los treintas en Estados Unidos. Cuando, por otra parte, se le exige a Grecia avanzar en las “reformas” que el resto de Europa les receta. Cosa igualmente extraña; pues si en eso vienen desde hace más de cinco años…con resultados que, de tan catastróficos, hacen innecesario cualquier comentario adicional.

¿Dónde está la novedad, cuál es la nueva de la cual debamos
Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia
sorprendernos? Es como si una familia que ha sido despojada de su casa y de todas sus pertenencias por un banco usurero, fuera amenazada por ese banco…de que va a ser despojada de su casa y de todas sus pertenencias. Si ya nada les queda ¿qué les pueden quitar? En esas condiciones tan solo podría interesar restablecer la propia dignidad.

¿Qué pasaría si Grecia se sale del euro? Bueno, es posible que el castigo caiga sobre España, Grecia, Irlanda y quizá la misma Italia, debido al llamado “efecto contagio” económico que encarecería el nuevo financiamiento que necesitan los gobiernos de esos países, y traería desplome de sus bolsas de valores y, con seguridad, una nueva ronda de recesión y desempleo al alza. Con la posibilidad –que en el caso español está a la mano- de que asciendan opciones políticas de izquierda al estilo de Syriza…lo cual, visto a la luz del fracaso de las recetas ortodoxas lideradas por Alemania, sería un avance innegable.

¿Y en cuanto a la propia Grecia? Pues acaso el asunto se resume en lo siguiente ¿es que le podría ir peor de cómo le está yendo? Yo me permito dudarlo. Cuando, por otra parte, si la salida del euro se concreta, ello abriría algunas otras opciones: al recuperar su propia moneda podrían devaluar y relanzar las exportaciones, y por su cuenta reactivar la inversión pública y los gastos en seguridad social ¿Eso comporta riesgos? Si, sin la menor duda; no tanto porque la banca transnacional les aísle (lo que hoy se aplica es un equivalente de tal cosa: los recursos que se les dan son solamente para pagarle…a esa misma banca transnacional), sino porque los pequeños ahorrantes –que no pueden sacar sus capitales del país- perderían esos fondos, y porque seguramente se aceleraría la inflación.

Yanis Varufakis, ministro de finanzas griego
Y, sin embargo, ese sería solo un mal menor, comparado con el castigo inmisericorde que se les ha aplicado. Y siendo obvio que con las políticas que el resto de Europa les impone no hay forma de encontrar la salida del túnel, acaso esa sí sea la puerta para una pronta recuperación, que reduzca de forma significativa el desempleo y permita aliviar la extendida y agravada pobreza. Y un poco más allá, y de existir –ojalá sea el caso- la suficiente visión de mediano y largo por parte del gobierno de Syriza, podrían entonces iniciarse un proceso de reconstrucción de la economía griega que, eventualmente, le permita consolidar una aparato productivo sólido.

Termino preguntándome: si de jugar con fuego se trata ¿no será más bien Alemania y sus aliados quienes lo están haciendo? Grecia ha sido humillada de una forma tan brutal que ya no les queda prácticamente nada que perder. En cambio, la salida griega del euro y el consecuente “efecto contagio”, podría representar graves pérdidas para el resto de Europa. En especial para países como España y Portugal, cuyos gobiernos conservadores acompañan hoy el matonismo de Merkel en su esfuerzo por asfixiar al nuevo gobierno griego, pero cuyas economías siguen apenas sostenidas por alfileres.

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