jueves, 15 de septiembre de 2016

2008-2016: la "nueva normalidad" de la economía costarricense



2008-2016: La “nueva normalidad” de la economía costarricense

Luis Paulino Vargas Solís

Desde 2008 la economía de Costa Rica entró en lo que se me ocurre designar como una “nueva normalidad”, la cual se establece y evoluciona pari passu con una “nueva normalidad” que también se estableció al nivel del capitalismo mundial. Desde 2008, y una vez que, gracias a una intervención estatal en escala jamás vista, se logró superar la fase aguda de la crisis, se estableció una situación crónica de muy bajo crecimiento, elevado desempleo y agudizados conflictos sociales y políticos. La crisis sigue viva, y ha venido evolucionando como dando bandazos: centrada inicialmente en Estados Unidos, en una segunda fase golpeó severamente a Europa y en el período reciente se ha ensañado con las llamadas economías emergentes, China incluida. Europa parece atrapada en un largo ciclo deflacionario, similar al que desde hace un cuarto de siglo mantiene atrapado a Japón. Y en Estados Unidos, con ser donde mejor han ido las cosas, sigue habiendo dudas de qué podría ocurrir si la Reserva Federal (banco central estadounidense) suspende ésa, como al modo de respiración asistida en que ha mantenido a la economía estadounidense, con la palanca del acelerador de la maquinita de hacer dinero a “full”. Todo esto ha llevado a una discusión entre economistas de la corriente hegemónica, acerca de lo que se teme sea una “fase de estancamiento secular”, es decir, de persistente bajo crecimiento a largo plazo. Las razones que se aducen son diversas, pero lo que sí es claro es que la economía convencional no ofrece respuestas satisfactorias.

Pues la “nueva normalidad” tica se ubica, y sin duda es parte, de esa “nueva normalidad” mundial. Afectada por esta última, pero también con causas y manifestaciones que le son peculiares. Muy sucintamente, esa “nueva normalidad” puede ser caracterizada de la siguiente forma:

1) Durante el largo plazo neoliberal comprendido entre 1984 y 2007, la economía costarricense creció a una tasa promedio anual del 5%. En el período 2008-2015 ese crecimiento cayó a 3.2%, lo que significa un desplome de alrededor del 35%.

2) Durante esa larga fase “feliz” del neoliberalismo criollo, se registraron tres picos de alto crecimiento en los alrededores de 7-8% anual. En el período posterior a 2007, el “techo” parece ser 5%. Vale decir: ese parece ser el nuevo “pico” bajo esta nueva normalidad, aproximadamente un 50% por debajo de los viejos “picos”.

3) En aquel largo plazo 1984-2007, se logró estabilizar los índices de desempleo en 5.5 a 6% (hubo momentos en que se le hizo bajar al 4%). Ahora, la “nueva normalidad” del empleo es, consistentemente, la de un coeficiente de desempleo en los alrededores del 9.5%. O sea, y de nuevo cuenta, algo así como un 50% o más, por encima de la antigua “normalidad”. No olvidemos, sin embargo, que el agravamiento de la informalidad laboral conlleva asimismo niveles de desempleo encubiertos realmente catastróficos. A lo cual se suma un fenómeno inédito: la contracción sostenida de la población ocupada o que busca trabajo, resultante, a su vez, de la desesperación que ocasiona la imposibilidad de encontrar un empleo decente, no obstante haberlo intentado reiteradamente.

 

4) En diferentes momentos a lo largo de ese extendido período 1984-2007, se dieron fases de agudización del problema fiscal: en 1990, 1994 y 2002. Como máximo, y en cada uno de esos tres momentos, el déficit fiscal llegó a ser del 5% como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), pero en ningún caso mantuvo ese nivel más allá de un solo año. En esta etapa pos-2007, el déficit se ha mantenido en niveles relativamente altos de forma sostenida desde 2009, este año incluido. Solo en uno de esos años –el propio 2009– su nivel estuvo ligeramente abajo del 4% del PIB. En todos los demás superó el 4%, y en cuatro años, incluido todo el trienio 2013-2015, superó el 5%, con tendencia a acercarse al 6% del PIB.

5) Como consecuencia de lo cual, se ha dado un acelerado incremento de la deuda pública, la cual todavía representaba un 24.1% del PIB en 2008, y literalmente saltó a 41.5% en 2015. A su vez, esto provoca que el pago de intereses de la deuda sea el rubro del gasto que hoy crece más aceleradamente, al punto de convertirse en el problema principal detrás del déficit fiscal (ya representa más de la mitad del déficit). Cosa que, por otra parte, nos pone en un predicamento sumamente problemático: tomar más deuda para pagar intereses de la propia deuda.

Este 2016 no ha registrado ningún cambio apreciable. La "nueva normalidad" sigue plenamente "normal" en el noveno año de su reinado. Las élites políticas –incluido el actual gobierno– han optado por ignorar esta realidad. Quizá porque la estrechez de su mirada no les permite captar los movimientos de largo alcance a los que es necesario remitirse para entender esto. Quizá porque reconocerlo pondría en serio cuestionamiento la estrategia neoliberal vigente, y convocaría de forma explícita a la búsqueda de un reorientación de fondo del desarrollo del país. El poder económico, sin embargo, ha mostrado fisuras a la hora de enfrentar estas realidades. No necesariamente porque comprendan la parte teórica del asunto, sino porque toca su intereses de forma diferenciada, según el sector o sectores en los cuales se muevan. Los economistas del “establishment” se ha dedicado a ponerle capa sobre capa de maquillaje. Desde las organizaciones y movimientos sociales y desde la izquierda –Frente Amplio incluido– no ha habido tampoco ningún debate o reflexión seria. Lo cual inevitablemente impacta en su capacidad para generar una propuesta alternativa, integral y convincente.


Detrás del asentamiento de esta nueva y patológica “normalidad”, hay seguramente tanto factores internos como externos. Pero entreverados de una forma compleja, de modo que lo que viene de fuera influye y pontencia lo interno. Todo lo cual a mi juicio tiene que ver con lo que en diversos escritos (muchos de los cuales en este blog) he llamado “tercera fase del Proyecto Histórico Neoliberal (PHN)”. He ubicado el inicio de esa tercera fase hacia 2006-2007, es decir, un poco antes de que se estableciera esa “nueva normalidad”. Para no extender en exceso este artículo, tan solo diré que, a mi parecer, las razones de fondo detrás de ésta empezaron a asentarse justo hacia 2006-07, para luego manifestarse con toda claridad a partir del impacto, en 2008-2009, de la crisis económica mundial.

Artículos relacionados:


Un artículo académico publicado en la Revista Rupturas del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la UNED: