sábado, 21 de febrero de 2015

Crisis griega ¿Quién juega con fuego?



Crisis griega ¿Quién juega con fuego?

Luis Paulino Vargas Solís

La situación que hoy vive Grecia resulta violentamente paradójica; un desconcertante oxímoron. El nuevo gobierno de Syriza, bajo la conducción de Alexis Tsipras (un joven hombre de 40 años) intenta algo absolutamente elemental: sacar a su país de la profunda depresión económica en que se encuentra y devolver a la población griega un mínimo de dignidad y decoro en sus vidas. Para ello es indispensable renegociar los términos draconianos de los acuerdos adoptados en relación con la deuda griega, y revertir las políticas de austeridad, lo que significa, como es obvio, volver a destinar recursos para salud y educación y recuperar la inversión pública.

Y, sin embargo, para el resto de Europa –y en particular para la implacable y poderosa Alemania- todo eso es inaceptable. Pero lo más simpático de todo es que se amenaza a Grecia diciéndole que de no hacer lo que se le dice (o sea: lo que se le exige e impone) sobrevendrán grandes catástrofes: recesión, desempleo…ruina económica. Bueno, pero sí exactamente eso es lo que Grecia ha tenido por cinco años consecutivos: una depresión económica en toda la regla, la cual, guardando las proporciones del caso (por ser Grecia una economía pequeñita) es de unas dimensiones y profundidad tales, que se compara con ventaja con la Gran Depresión de los treintas en Estados Unidos. Cuando, por otra parte, se le exige a Grecia avanzar en las “reformas” que el resto de Europa les receta. Cosa igualmente extraña; pues si en eso vienen desde hace más de cinco años…con resultados que, de tan catastróficos, hacen innecesario cualquier comentario adicional.

¿Dónde está la novedad, cuál es la nueva de la cual debamos
Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia
sorprendernos? Es como si una familia que ha sido despojada de su casa y de todas sus pertenencias por un banco usurero, fuera amenazada por ese banco…de que va a ser despojada de su casa y de todas sus pertenencias. Si ya nada les queda ¿qué les pueden quitar? En esas condiciones tan solo podría interesar restablecer la propia dignidad.

¿Qué pasaría si Grecia se sale del euro? Bueno, es posible que el castigo caiga sobre España, Grecia, Irlanda y quizá la misma Italia, debido al llamado “efecto contagio” económico que encarecería el nuevo financiamiento que necesitan los gobiernos de esos países, y traería desplome de sus bolsas de valores y, con seguridad, una nueva ronda de recesión y desempleo al alza. Con la posibilidad –que en el caso español está a la mano- de que asciendan opciones políticas de izquierda al estilo de Syriza…lo cual, visto a la luz del fracaso de las recetas ortodoxas lideradas por Alemania, sería un avance innegable.

¿Y en cuanto a la propia Grecia? Pues acaso el asunto se resume en lo siguiente ¿es que le podría ir peor de cómo le está yendo? Yo me permito dudarlo. Cuando, por otra parte, si la salida del euro se concreta, ello abriría algunas otras opciones: al recuperar su propia moneda podrían devaluar y relanzar las exportaciones, y por su cuenta reactivar la inversión pública y los gastos en seguridad social ¿Eso comporta riesgos? Si, sin la menor duda; no tanto porque la banca transnacional les aísle (lo que hoy se aplica es un equivalente de tal cosa: los recursos que se les dan son solamente para pagarle…a esa misma banca transnacional), sino porque los pequeños ahorrantes –que no pueden sacar sus capitales del país- perderían esos fondos, y porque seguramente se aceleraría la inflación.

Yanis Varufakis, ministro de finanzas griego
Y, sin embargo, ese sería solo un mal menor, comparado con el castigo inmisericorde que se les ha aplicado. Y siendo obvio que con las políticas que el resto de Europa les impone no hay forma de encontrar la salida del túnel, acaso esa sí sea la puerta para una pronta recuperación, que reduzca de forma significativa el desempleo y permita aliviar la extendida y agravada pobreza. Y un poco más allá, y de existir –ojalá sea el caso- la suficiente visión de mediano y largo por parte del gobierno de Syriza, podrían entonces iniciarse un proceso de reconstrucción de la economía griega que, eventualmente, le permita consolidar una aparato productivo sólido.

Termino preguntándome: si de jugar con fuego se trata ¿no será más bien Alemania y sus aliados quienes lo están haciendo? Grecia ha sido humillada de una forma tan brutal que ya no les queda prácticamente nada que perder. En cambio, la salida griega del euro y el consecuente “efecto contagio”, podría representar graves pérdidas para el resto de Europa. En especial para países como España y Portugal, cuyos gobiernos conservadores acompañan hoy el matonismo de Merkel en su esfuerzo por asfixiar al nuevo gobierno griego, pero cuyas economías siguen apenas sostenidas por alfileres.

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domingo, 8 de febrero de 2015

El Banco Central, el dólar y la impunidad



El Banco Central, el dólar y la impunidad

Luis Paulino Vargas Solís

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) dio a conocer hace pocos días su “Programa Macroeconómico 2015-2016”. Ocasión para recordar que, escudada tras su muy discutible “autonomía técnica”, esta institución ha recibido de las leyes costarricenses la graciosa concesión de no tener que rendir cuentas ante las instituciones democráticas y la ciudadanía, más que de una forma sumamente pobre y limitada. Lo cual se refuerza con la lectura de ese documento, cuya falencia más clara se ubica justo en la definición de los objetivos (pp. 27 y siguientes), planteados de forma tan nebulosa e imprecisa que con seguridad cualquier muchacho de primer ingreso a la universidad podría hacerlo mejor. Objetivos tan difusos no permiten saber con certeza cuál es el rumbo que seguirá la política monetaria y si ésta realmente considera las prioridades democráticamente sancionadas por la ciudadanía, pero igualmente ello dificulta evaluar si hace su trabajo apropiadamente.

Hurgando aquí y allá a lo largo de ese “Programa”, queda en claro que el interés principal del BCCR –al parecer su  gran objetivo- está en lograr que la inflación se ubique en el rango comprendido entre el 3% y el 5% para el año 2015. Lo cual no representa novedad alguna; esa obsesión inflacionaria es persistente y de remota procedencia. Aparte lo cual se expresa reiterada preocupación por el relativamente elevado déficit fiscal y el crecimiento de la deuda pública, si bien esto queda en el ámbito declarativo ya que no son asuntos de la directa responsabilidad de esta institución. Lo demás dentro del documento atiende a algún análisis –bastante superficial y descriptivo- en relación con las condiciones y evolución de la economía mundial, algunas referencias –igualmente light- sobre el funcionamiento de la banca en Costa Rica y, en especial, la descripción de las medidas de política económica que se propone llevar a cabo.
Olivier Castro, presidente BCCR

Entre estas últimas, y en lo referente al manejo del tipo de cambio dólar-colón, destaca la supresión del sistema de bandas cambiarias y su sustitución por uno llamado de “flotación administrada”. En realidad, el sistema de bandas jamás funcionó como tal. Y ello por dos razones, principalmente. Primero, a causa de que la mayor parte del tiempo durante el cual estuvo vigente, el tipo de cambio tendió a la baja como consecuencia de las significativas entradas de capital que usualmente –y excepto por breves períodos- se recibían. Hasta el punto que el valor del dólar quedase pegado al “piso” de la banda (500 colones), obligando al BCCR a una continua intervención –mediante compra de dólares- para impedir que cayese por debajo de ese límite inferior. Ello quitó toda funcionalidad a las bandas, puesto que la tendencia era persistentemente a la baja. A esto se le agregó, como segunda razón que restó toda relevancia a ese sistema, el hecho de que el propio BCCR decidió elevar en forma sostenida el “techo” o límite superior de la banda, hasta dar lugar a un margen excesivamente amplio –cercano a los 350 colones- entre el mínimo y el máximo de la banda. Resultaba impensable que el dólar pudiese fluctuar arriba y abajo sobre un margen tan dilatado; ello habría tenido consecuencias desestabilizantes realmente catastróficas.

En resumidas cuentas, podemos decir que durante más de ocho años hemos tenido a nuestro Banco Central vagabundeando con un juguetito perfectamente inútil. Ahora simplemente extienden el acta de defunción de un cadáver insepulto, fallecido hace largo tiempo.

Según lo que indica el documento y de acuerdo con lo expresado por don Olivier Castro, presidente del BCCR, el sistema de flotación administrada funcionará más o menos así: el BCCR vigilará el comportamiento diario del dólar y, en caso necesario, intervendrá cuando considere que se dan movimientos bruscos y excesivos de su precio. Serían intervenciones puntuales destinadas a frenar cualquier movimiento desestabilizante, pero sin modificar la tendencia general. Entonces, el dólar debería moverse suavemente, a lo largo de las semanas y los meses, en el sentido que el mercado defina. En el lenguaje solemne de estos economistas, serán los “fundamentales” de la economía los que determinen el curso que siga el dólar. Pamplinas. En realidad será el comportamiento de la economía mundial y, en especial, las políticas seguidas por los bancos centrales de los países ricos, las fuerzas que determinen que ocurrirá, porque ésos son los factores principales detrás de los flujos de capital –más grandes o más pequeños- que reciba la economía costarricense, y la magnitud de tales flujos (incluidas potenciales salidas que podrían darse) son las que determinarían cómo se mueva el dólar.

Y, sin embargo, no debe extrañarnos si el propio BCCR se olvida de su elegante y muy aséptica parla, para seguir interviniendo el mercado cambiario de una forma muy similar a como lo ha hecho por los últimos ocho o nueve meses. Lo cual supondría, tal y como hemos visto, un tipo de cambio muy estable, con apenas mínimas fluctuaciones.  La razón no es misteriosa: ese manejo del tipo de cambio es propicio al cumplimiento de los objetivos inflacionarios con que nuestro Banco Central se ha casado en indisoluble matrimonio religioso. O sea, y si de imaginar posibles escenarios se trata, creo que el más probable sería el de un dólar moviéndose de forma tímida y grácil en los alrededores de los 540 colones. Una segunda posibilidad es que, en caso de abundancia de dólares (no muy probable pero tampoco imposible), se permita alguna baja del dólar. En cambio, parece muy poco probable que se permita la devaluación –ni siquiera una devaluación suave y gradual- en virtud de los efectos inflacionarios que ello podría tener (además de que la banca comercial –con quien el BCCR está ligado por íntimos y muy afectivos lazos- no querría, puesto que no le convendría, que tal cosa se dé).

Por otra parte, y tanto para 2015 como para 2016, el BCCR prevé un crecimiento económico débil. O sea, nuestra autoridad monetaria anticipa que la anemia seguirá todavía por mucho tiempo más. De ser eso correcto –y lamentablemente es posible que lo sea- ello permite imaginar que los graves problemas del empleo no encontrarán ningún alivio significativo, con todas las gravísimas implicaciones humanas y sociales que ello conlleva. Pero quede claro que esto último lo digo yo, puesto que el BCCR nada dice al respecto. A decir verdad, parece tenerle completamente sin cuidado el pobre desempeño de la economía y, en especial, literalmente le resbala lo que acontezca con el empleo. Su razonamiento se agota en la siguiente fórmula: solo interesa una inflación baja ya que ello facilita el “cálculo económico” y contribuye así a un mejor funcionamiento de los mercados. Esta nebulosa metafísica ha sido reiteradamente desmentida por la realidad costarricense de los últimos seis años, pero persiste gracias al apego dogmático a una teorización vacía de toda relevancia empírica e histórica.

Ése es nuestro patético Banco Central. Me asombra –aunque en adelante ya no más- que el presidente Solís se declare satisfecho con esto. Cuando, por otra parte, esto nos devuelve a lo que indiqué al inicio: urge una reforma legal que obligue a este importante organismo a rendir cuentas –con amplitud y total transparencia- ante las instituciones democráticas y la ciudadanía. No podemos permitir que sigan impunemente causando tanto estropicio.

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domingo, 1 de febrero de 2015

La crisis ideológica y moral del empresariado costarricense



Ronald Jiménez, presidente UCCAEP

La crisis ideológica y moral del empresariado costarricense
Luis Paulino Vargas Solís

Tomo como punto de partida y referente ilustrativo una nota publicada en La Nación con el título “Empresarios piden al Gobierno decretar emergencia nacional por desempleo” (27-1-2015). Quienes así hablan lo hacen a nombre de todo el empresariado costarricense, lo cual es evidentemente falaz. Sin duda alguna esas voces no representan al amplísimo ejército de micro y pequeñas empresas de Costa Rica. Hecha esa salvedad, quede claro por favor que esta crítica se enfoca exclusivamente en esos sectores empresariales de cúpula, cuyos intereses dominan la agenda y el discurso de la UCCAEP.

La mencionada crónica periodística informa que se le solicita al gobierno “…señales prontas y claras para aumentar la confianza de los empresarios”, cuando al mismo tiempo se critican como contraproducentes la situación del déficit fiscal, el levantamiento del veto a la reforma procesal laboral y “la falta de acciones” que reduzcan el precio de la electricidad. Enfatizo, sin embargo, que este es, tan solo, un episodio más dentro de una larguísima y lacrimógena  telenovela, en la que los amargos plañidos empresariales se entreveran con la reiteración incansable de las mismas exigencias.

Celebremos que el empresariado hable de empleo. Todo un avance, puesto que estas élites y sus ideólogos-economistas insisten en que el único problema económico importante es el  fiscal. Mas esto no cambia el problema de fondo: ese empresariado sigue dando signos de que, como clase propietaria económicamente dominante, es sin embargo un sector incapaz de liderar el desarrollo capitalista de Costa Rica. Uno lo observa, por ejemplo, en la facilidad con que empresas nacionales de larga trayectoria (el ejemplo más reciente es Ópticas Visión, pero sería fácil
Otra empresa nacional que pasa a manos extranjeras
construir una larguísima lista) son entregadas en manos de capitales extranjeros. En el caso que aquí nos ocupa, y frente a una situación evidentemente problemática, es obvio que el empresariado ni está dispuesto a hacer sacrificio alguno –como correspondería a un sector que, en lo personal y familiar, goza de una muy holgada situación económica- ni es capaz de aportar una sola propuesta de medio ver.

Cuando el empresariado señala la reforma procesal laboral como un factor que estaría incidiendo en el debilitamiento de la economía, con ello ofrece un diagnóstico por completo carente de sustento empírico, puesto que el levantamiento del veto de esa ley es asunto muy reciente, mientras que la atonía económica viene de mucho tiempo atrás. Cuando reitera la exigencia de rebajar las tarifas eléctricas lo hace a sabiendas de que a corto plazo la única forma de hacerlo es, o bien desfinanciando al ICE y poniendo su contabilidad en rojo –lo que obligaría a cancelar inversiones con consecuencias futuras muy dañinas- o bien mediante un “rebalanceo” que incremente la tarifa residencial (la que se cobra a las familias) para reducir la que pagan las empresas, lo cual sería obviamente injusto y podría desatar un estallido social. Aparte que, por otro lado, no hay ninguna evidencia convincente que respalde la cantinela histérica según la cual las tarifas eléctricas en Costa Rica son particularmente elevadas. En general, la información disponible sugiere justo lo contrario, con lo cual se agregan más dudas en relación con la seriedad de esos planteamientos empresariales.

Lo cierto es que la mala situación económica actual está muy relacionada con diversas decisiones de política en las cuales el empresariado ha tenido mucho que ver, lo que les hace corresponsables de aquello mismo que deploran. Por ejemplo: una de las razones detrás de la pérdida de competitividad de que ese empresariado se queja, tiene que ver con las graves deficiencias que arrastra la infraestructura de transportes en Costa Rica. Esto, a su vez, se origina en políticas de restricción de la inversión pública que empezaron a aplicarse –con total apoyo empresarial- desde mediados de los años ochenta del pasado siglo. Esas políticas, inspiradas en una ideología anti-estatista chata y mezquina, son de la misma naturaleza de las que ahora exige ese empresariado a propósito del problema fiscal. Hoy, como treinta años antes, se insiste en aplicar tijera y machete, en vez de promover un esfuerzo serio que mejore la calidad y eficiencia de los servicios e instituciones públicas.

El "otro" mundo empresarial
Deberían además reconocer que urge una reforma tributaria de fondo, que incremente los ingresos públicos y que se diseñe desde criterios mínimos de equidad. Lo cual supondría un ejercicio mínimo de responsabilidad ciudadana por parte de esos empresarios: para cumplir como es debido con sus obligaciones tributarias, y para reconocer que en todo momento -y en especial en momentos de apuro y dificultad- quienes más tienen deberían aportar más. Y, sin embargo, pareciera obvio que este sector carece hoy de esa estatura ética y republicana.

Es especialmente llamativa la omisión empresarial en relación con la situación del tipo de cambio y las tasas de interés. O, por lo menos, la omisión por parte de las dirigencias de la UCCAEP, reconociendo que otros sectores vinculados a la exportación y el turismo, menos influyentes y poderosos, sí han expresado preocupación sobre el tipo de cambio. Es una situación ampliamente ventajosa para el negocio bancario –y secundariamente para el comercio importador- pero que tiene serias implicaciones negativas para la producción y la generación de empleos. Esto seguramente evidencia que los intereses de los distintos sectores empresariales no son homogéneos, y que algunos de esos intereses –los de las finanzas más que cualquier otro- son hoy los que están predominando. Con grave menoscabo para algunos otros, por cierto. Lo cual tan solo agrega nuevos interrogantes acerca del respeto que estas estridencias empresariales merecen. 

Costa Rica vive hoy momentos especialmente difíciles. Según todas las trazas, la iniciativa que marque el rumbo para superar esta situación no vendrá de estos poderosos grupos empresariales. Otros sectores han de asumir el liderazgo si es que queremos salvarnos del abismo.

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jueves, 29 de enero de 2015

¿Qué subyace tras el affaire Soley-procuradora?


Presidente Solís y su acosado ministro Jiménez

¿Qué subyace tras el affaire Soley-procuradora?
Luis Paulino Vargas Solís

¿Podremos algún día saber cuál es la verdad detrás del mega-show escenificado por la procuradora Brenes y el ex viceministro Soley? Posiblemente nunca lo sabremos ¿tiene eso alguna importancia? En realidad, creo que no la tiene. Y, sin embargo, el aparatoso y pantagruélico circo mediático y político a que se dio lugar no carece de significación.

Tanto Brenes como Soley interpretaron su rol. Acaso Soley lo hizo mejor –con mayor frialdad y aplomo- que la señora procuradora, pero, en fin, acontece que, aún sin ser Merryl Streep, ella no carece de recursos histriónicos. La concatenación de los acontecimientos es interesante. La Nación “se enteró” del presunto ofrecimiento –editorialmente ese medio aseguró luego que no fue la procuradora quien les informó- y publicó una nota sobre el asunto, exactamente una semana después de la ahora célebre reunión entre Brenes y Soley, y justo al día siguiente de que la procuradora se reuniera con el presidente Solís para enterarlo de lo que Soley supuestamente le habría ofrecido. El título de la nota periodística es evidentemente tendencioso: “Presidencia ofrece opción de embajada a Procuradora incómoda” y está claramente pensado para insinuar torcidas intenciones por parte del propio presidente de la república y, obviamente, por su ministro de la Presidencia, señor Melvin Jiménez. Luego ha quedado en evidencia que, además, el periodista que redactó la nota (de apellido Murillo) manipuló las declaraciones que le dio Soley, en entrevista que se realizó casi simultáneamente con la reunión de la procuradora Brenes con el presidente Solís. O sea: hay evidentes coincidencias cronológicas en el devenir de los acontecimientos. Podría ser mera casualidad, o quizá no.

Vino entonces el patético teatro legislativo que se escenificó los días 22 y 23 de enero, con el magro resultado de dos versiones abiertamente contradictorias. Así las cosas, y más allá de las muy respetables pero completamente arbitrarias opiniones personales de cada diputado y diputada, no quedó mucho de dónde agarrarse para emitir una condenatoria definitiva en contra de Soley (cosa que los medios promovían con histeria desatada). Mas, en todo caso, había sido obvio durante todos esos días de encendida chismografía mediática, que la cuestión no se agotaba en el abogado Soley; los misiles también iban dirigidos –aunque como en un segundo plano- hacia Jiménez. Y cuando quedó descartada la posibilidad de rostizar a Soley, decidieron que mejor era achicharrar a Jiménez. De ahí en más toda la artillería pesada –mediática y politiquera- se dirigió hacia éste.

¿Hacia la politización de la procuradoría?
Hago de lado aquí la condición de clérigo del ministro Jiménez, algo que, de entrada, lastimó su legitimidad en el puesto. Más allá de lo anterior, es claro que su personalidad no le ayuda. Sin embargo, es necesario  preguntarse hasta qué punto es un asunto de temperamento y en qué grado refleja más bien una cuestión de cultura de clase y educación. Porque Jiménez es un hombre de extracción popular y su trayectoria profesional no le ha situado en los lugares propios de las élites gobernantes ya que, incluso como obispo luterano, se ubicaba a la cabeza de una organización religiosa muy minoritaria, cuyo ideario político-ideológico está fuera del ámbito hegemónico. Desde ahí, Jiménez pasó a ocupar una posición que, a lo largo de los sucesivos gobiernos, ha sido generalmente desempeñada por conspicuos representantes de lo más selecto de las élites políticas. Dado lo anterior, es posible que para él no haya sido fácil adecuarse a las exigencias propias de ese puesto, y, sobre todo, amoldarse a las dinámicas de procesos políticos que funcionan según los patrones elitistas más rígidos, los cuales han quedado cristalizados al cabo de muchos años de sistemática reiteración. Estaba obligado a un proceso de aprendizaje muy acelerado en un plazo muy breve y bajo una presión política y mediática extrema. Parece que Jiménez no lo ha logrado, lo cual, en círculo vicioso, ha propiciado que el bombardeo sobre su cabeza se agudice hasta el extremo.

Reconozco que es una mera especulación, pero no puedo evitar pensar que en ese ataque inclemente influyen, en forma combinada, factores ideológicos, clasistas y hasta racistas. Ideológicos en virtud de la conocida trayectoria de Jiménez como hombre cercano a movimientos sociales de signo políticamente progresista. Clasista en cuanto pareciera percibírsele como una advenedizo en un puesto reservado a las élites políticas, y el cual pareciera establecer, como requisito mínimo de entrada, sino un certificado de cuna, sí al menos un largo entrenamiento en la amañada cultura política de tales élites. Pero incluso también de orden racista, por razones que se hacen perfectamente obvias en el fenotipo de Jiménez.

En todo caso, el problema de fondo creo que es el mismo que se hizo evidente con motivo de la aparatosa discusión alrededor del presupuesto legislativo: se trata de “disciplinar” a un gobierno que ha nacido tensionado entre las expectativas de cambio de la amplia masa electoral que le respaldó, y el peso tremendo de los intereses vinculados al status quo de la estrategia neoliberal. Ante el riesgo que el primero de estos factores prevalezca, se aplica una presión extrema que busca forzarlo a darle continuidad a la ya completamente agotada propuesta neoliberal.

Entre el escrutinio feroz –jamás visto en el pasado- en relación con el
Premio al mejor actor
presupuesto y el desvergonzado show político montado alrededor de la “conversación” entre Soley y Brenes –con su derivación hacia el ataque sin contemplaciones contra Jiménez- media un factor común: desbaratar las defensas del gobierno para hacerlo que se amolde al orden establecido. Obligar al presidente Solís a prescindir de uno de sus hombres de mayor confianza –cuya trayectoria política lo vincula a la izquierda moderada- no es a estos efectos una jugada de importancia despreciable.

Yo sé que suena a estrategia conspirativa. Pero en realidad no es necesario que la conspiración exista para que esto se dé.  Es más probable que surja como el producto esperable a partir de la cultura y cosmovisión compartidas que, cual cemento ideológico, cohesiona a los distinto segmentos de las élites que promueven y sostienen el proyecto neoliberal. Incluso por una cuestión de sobrevivencia, ése es el tipo de reacciones esperables ante un gobierno que fue electo bajo el signo del cambio. De forma instintiva se buscaría abortar esa posibilidad de cambio, y mantener intacto el statu quo. Creo que eso es lo que se visibiliza en este tipo de patéticas teatralizaciones y enconados ataques.


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