sábado, 18 de mayo de 2013

La corrupción en los genes



El infausto viaje de Chinchilla a Perú
La corrupción en los genes
Luis Paulino Vargas Solís

Cuando se hizo público que la presidenta Laura Chinchilla había viajado a Perú en un jet privado, al parecer prestado por una compañía transnacional vinculada al negocio del gas y el petróleo, tanto ella como su ministro de información, señor Chacón, insistieron que en esto no había ningún conflicto de interés. Conocemos muy bien las justificaciones que ofrecieron, por lo que no los repetiré aquí. Lo simpático de la cuestión –realmente sintomático- es constatar que ni la presidenta ni su ministro, parecían percibir nada irregular en el hecho de pedir y recibir dádivas por parte de empresas o sujetos privados. Luego la cosa cambió, al descubrirse lo del tipo vinculado al narco, pero ya esa es otra historia.

El tema me recordó a cierta coordinadora de una maestría en propiedad intelectual en una universidad pública. En cierto momento se hizo público que algunas tesis de graduación de los estudiantes de esa maestría, recibían financiamiento por parte de una poderosa farmacéutica transnacional que, como todas las de su especie, tiene supremo interés en fortalecer los barrotes de la propiedad intelectual sobre medicamentos. La señora del cuento –notable abogada- sostuvo y afirmó que ahí no había nada malo, cuando más bien era una “valiosa contribución” por parte de tan “desprendida” empresa.

Las peligrosas amistades del gobierno
Más folclórica fue la pintoresca historia de cierta diputada liberacionista que acostumbraba irse de picnic utilizando de a gratis una avioneta de propiedad publica. O cierto presidente ejecutivo del ICE que acudió a la boda de la hija de un diputado, bien acomodado en un helicóptero pagado con recursos públicos.

Nada folclórico resultaba, sin embargo, el caso del expresidente Calderón Fournier en relación con su participación en el siniestro affaire “Caja-Fischel”. Y, sin embargo, este sujeto siempre ha sostenido que su bien demostrada participación  se redujo a gestiones por completo normales, nada censurables.

¿Qué hay de común en todos estos casos? Básicamente una cosa: el convencimiento de que lo que así se hacía, no tenía nada de reprochable, ni menos aún de punible. Utilizar aviones graciosamente proporcionados por una compañía extranjera; financiar tesis de maestría por parte de una gran farmacéutica; hacer “amables” gestiones para “facilitar” ciertas compras por parte de la Caja del Seguro Social; irse de paseo a costa de las arcas públicas en avionetas o helicópteros. Todo eso ha sido visto como asunto cotidiano, tan inocente como echarse una siestita en el bus o comerse su empanada de papa. No es tema que amerite ninguna indagatoria meticulosa, ninguna reflexión medio problematizante ¿A quién se le ocurre hacerse cábalas cuando quiere rascarse la nariz?

Así esta gente piensa y siente respecto de ese tipo de asuntos: tan insignificante como tragarse un sorbo de agua.

Se trata de un proceso de naturalización de la corrupción: como la lluvia en el invierno o los atardeceres en rojo y oro del verano. Por ello mismo se la ejecuta mecánicamente. Igual que cuando uno conduce un auto: no necesita pensar para maniobrar con el volante, simplemente lo hace. Pues esta gente no necesita pensarlo: simplemente lo hace.
Chacón, ex-ministro de información
La corrupción deviene así un estilo de vida y todo un ethos de la política: la define, la caracteriza, la peculiariza, la conduce. La política es, ella misma, corrupción, porque esta gente no concibe ni practica la política de otra forma que no sea a través de la corrupción.

Ello da lugar a una suerte de dinámica o inercia estructural: las cosas se hacen normalmente para que alguien salga beneficiado, sin que ello necesariamente garantice que  también haya beneficio para la colectividad. Si éste se da, es como al modo de un resultado azaroso, una vez que alguien en particular se garantizó un buen premio.

Pero cuando digo estructural, con ello sugiero además que permea el hacer político en forma perdurable, como al modo de una lógica sostenida en el tiempo. Así, lo que vemos es un fenómeno repetitivo: este tipo de manifestaciones de corrupción se repiten una y otra vez, a lo largo de varios gobiernos, y, como es obvio, también en gobiernos y por parte de personajes del partido Unidad Socialcristiana, y no solo de Liberación. En lo que a este último atañe, baste recordar algunos hitos que retratan con claridad lo que fue la segunda administración Arias. Por ejemplo: la criminal manipulación politiquera de la Caja Costarricense del Seguro Social; el infame decreto de interés público a favor de la minería a cielo abierto en Crucitas; o el oscuro “affaire” de las consultorías pagadas con dineros del BCIE ¿Es que los hermanos Arias han reconocido alguna responsabilidad respecto de estos hechos? Claro que no lo hacen, porque ellos también viven la corrupción como un hecho natural: aprendido, interiorizado y ejecutado maquinalmente, como pedalear en la bicicleta una vez que uno aprendió a hacerlo. Lo cual, como es obvio, no les quita una onza de culpa y responsabilidad.

Entonces, metafóricamente uno podría decir que el PLN y el PUSC son partidos que llevan en sus genes -y circulando en el torrente de su sangre- la corrupción. Si el condicionamiento genético hace que uno deba comer algo cada día, igual esa suerte de “condicionamiento genético” de estos partidos y sus dirigentes, les hace actuar, cotidianamente, en forma corrupta.

Pero el asunto es más complejo y va más allá del ámbito público y político. Es fácil multiplicar los ejemplos. Como cierto empresario de quien se hicieron públicas sus grandes deudas con la Caja. Su justificación: “…de por sí, la Caja no sirve”. La trocha fronteriza, la carretera a Caldera o el aeropuerto, son casos donde intereses privados han usufructuado –pero sin gota de escrúpulo- de recursos de la colectividad. Los fenómenos generalizados de evasión tributaria e incumplimiento de las cuotas de la seguridad social son igualmente asumidos con la frescura de quien considera que robarle a la sociedad es cuestión natural, lo propio de sujetos “inteligentes”.

A propósito de amigos poderosos...
Claro que en los tiempos previos al neoliberalismo existía corrupción. Pero es muy plausible que el asfixiante ambiente ideológico que éste ha impuesto, ha contribuido poderosamente a naturalizarla. Recordemos que esta ideología proclama y exalta que lo único que vale en la vida es el dinero, el consumo, el despilfarro y el poder. Los partidos políticos –y en especial aquellos que son portaestandartes del neoliberalismo- han quedado completamente atrapados en esa lógica perversa.

Un artículo relacionado:
Costa Rica: redes de corrupción 

sábado, 11 de mayo de 2013

Obama en Costa Rica: signos de decadencia



Obama en Costa Rica: signos decadencia
Luis Paulino Vargas Solís

El arribo de Obama a Costa Rica fue majestuoso. Los preparativos venían de días atrás, y visiblemente impactaban la cotidianidad de San José. Al gobierno –incluida la presidenta- se le veía electrizado, dominado por una agitación y ansiedad febriles. El día previo a la llegada del presidente estadounidense, pude presenciar desde el último piso del hotel Costa Rica la danza amenazante de los helicópteros militares sobre la capital costarricense. Carísimas piezas de una refinada tecnología puesta al servicio de la muerte, que, con su ruido infernal y su vaivén arrogante sobre nuestras cabezas, parecían ser como al modo de heraldos –estridentes, invasivos y prepotentes- que anunciaban el descenso sobre Costa Rica de un dios poderoso e implacable.

El viernes 3 de mayo sería el día que descendería desde los cielos ese tremebundo dios. Y, en efecto, todo el escenario fue preparado con meticuloso cuidado para que la ocasión tuviera una majestuosidad arrobadora. Como la cosa más inocente del mundo, el gobierno suspendió el principio constitucional de libre tránsito, tan resobadamente invocado cada vez que se trata de descalificar y reprimir una protesta ciudadana. Por unas 30 horas no habría libre tránsito de vehículos por el Paseo Colón ni la Avenida Segunda. Y, por su parte, tanto al momento del arribo del dios, como en el de su nuevo ascenso hacia los cielos, se clausuraría el paso por la autopista General Cañas. Una amplia zona de San José quedó bajo riguroso control militar, con presencia masiva de los servicios de seguridad gringos. A lo largo de la carretera entre San José y Alajuela, muchos policías fueron apostados en los puentes o a la vera del camino.
 
El dios asciende a los cielos
Ha sido, con seguridad, lo más cercano a un estado de sitio que he conocido en mi vida. Y se extendió por alrededor de 30 horas. Una experiencia que no he de olvidar fácilmente.

El acontecimiento fue diseñado para que tuviera rasgos de monumentalidad imperial, completamente fuera de toda proporción, según lo que ha sido la experiencia histórica de este pequeño país.

Era el fárrago vertiginoso del enorme jet presidencial, los helicópteros militares, el cortejo de carros y motocicletas, el ulular de sirenas, las caras adustas de los agentes de seguridad, la multitud de policías inutilizados al servicio de la corte imperial, las autopistas y carreteras solitarias. Y en el medio de ese monstruoso carrusel, y como arrastrados por la correntada, los personajes gubernamentales, desde Laura Chinchilla para abajo. Se les veía la ansiedad en la cara, ésa como exultación, al borde mismo del arrebato místico. Su actitud era la propia de quien se preparaba para postrarse y rendir adoración  a un dios recién descendido de las alturas. Un tóxico menjurje que mezclaba el júbilo más desbordado con la sumisión más abyecta.
 
Laura en estado de éxtasis
La prensa, por su parte, se cuidó de no desentonar. El rostro de Pilar Cisneros o Ignacio Santos en Telenoticias, traducía exactamente las mimas emociones que el de Laura Chinchilla, o el matrimonio ministerial González y Chacón. La misma mirada como alucinada; la misma sonrisa alelada; el mismo gesto desfalleciente y rendido.

La mismita Pilar y el mismito Ignacio que se han peleado duramente con el gobierno de Chinchilla a propósito de otros asuntos. Pero, al fin y al cabo, asuntos menores. Ante el dios Obama, el sumisionómetro unánimemente les llegó a cotas de calentura extrema. Vale decir: nuestras clases dirigentes –de la cual esa prensa grandota y los estamentos políticos dominantes son integrantes- comparten una misma visión estratégica, la cual coloca a Estados Unidos como imperio al cual subordinarse de forma incondicional. Con motivo del TLC ello ya se había evidenciado con contundencia: para esta gente, resultaba impensable un “proyecto” de país que no implicase una completa rendición neocolonial. La visita de Obama fue ocasión para renovar simbólicamente los votos de la sumisión.
 
Homenaje de frivolidad y sumisión
La gente de a pie, por su parte, resolvió el asunto muy a su manera. No eran esperables expresiones de protesta, puesto que, por complejas razones históricas, eso es algo extraño a la tradición de este país. Pero, en general, su comportamiento fue bien otro del que asumieron esas castas dirigentes. Frente a la hipertrofiada majestuosidad del acontecimiento, su actitud fue la propia de quien acude a presenciar un carnaval de carrozas: se trataba de disfrutar del show. Y, en efecto, así se hizo, incluso con su buena dosis de irreverencia y desparpajo (me pregunto: ¿qué habrán pensado los malencarados agentes de la seguridad gringa, cuando vieron la desbandada de gente cruzando la autopista de lado a lado para disfrutar del circense desfile? Tiendo a pensar que han de haberse puesto nerviosos).

El caso es que Obama vino, habló muy poco, no vio casi nada…y se fue. Y en cosa de menos de 22 horas se despilfarraron miserablemente millones y millones de dólares. Como si Estados Unidos quisiera gritarnos su poderío gigantesco y recordarnos con vanidad implacable nuestra pequeñez de hormigas. Y, sin embargo, presidentes estadounidenses que no hace tanto visitaron Costa Rica, no se vieron rodeados de un despliegue tan aparatoso y abrumador.

Lo que todo eso sugiere es un sentimiento de terrible inseguridad. La superpotencia extrema hasta el límite de lo patético y lo ridículo, la seguridad alrededor de su presidente. O sea, se muestra y se confiesa supremamente temerosa y vulnerable. Pero ello también revela la duda acerca de su propio liderazgo. Éste hoy recurre al exceso y la hipertrofia, puesto que carece de poder persuasivo. Un liderazgo que, cada vez más, depende de la fuerza, a falta de una efectiva hegemonía ideológica y moral.

Y en el intento por mostrarse imponente y majestuoso, al mismo tiempo es excesivo y despilfarrador. Hoy la deuda pública estadounidense supera el 100% como porcentaje de su PIB (la deuda privada es incluso mayor). En términos proporcionales, ello equivale a dos veces y media la de Costa Rica. Recordemos además que la riqueza material que ese país  exhibe, tiene su contrapartida en un aporte brutal a la crisis ambiental y el cambio climático: emite el 20% del total de gases de efecto invernadero ¿Qué tal que cada país deba pagar la cuota que le corresponde por la hecatombe ambiental actualmente en curso? ¿En qué quedaría entonces la presunta riqueza de ese país?

En realidad, Estados Unidos vive hoy de prestado y gasta lo que no tiene o lo que pertenece a otros. Y es de esa forma como financia ese espectáculo obesamente pantagruélico con que pretendieron impresionarnos.

Lo lamento por ese pluralista colectivo llamado pueblo estadounidense, cuyos logros históricos son notables. Lo lamento por Obama, un tipo carismático, inteligente e incluso interesante. Pero en cuanto presidente de Estados Unidos, él es solo la cara visible de un súper poder imperialista, nada amable y hoy en plena decadencia.

martes, 7 de mayo de 2013

Ocho reflexiones alrededor del primero de mayo



Ocho reflexiones alrededor del primero de mayo
Luis Paulino Vargas Solís

1) La prensa pone la nota corronga. De ello Noticias Columbia dio acabada muestra. Todo el equipo periodístico del noticiario se dedicó a frivolizar la marcha y hacer de ella una especie de cumpleaños infantil. Entre tanto, se afanaban hasta la extenuación por vestir con trajes de seda, las grotescas maniobras políticas urdidas desde casa presidencial alrededor del directorio legislativo.

2) La marcha, por su parte, fue concurrida, diversa y multicolor, con representaciones de muy diversos sectores de la sociedad. Eso en su aspecto positivo.

3) Y, sin embargo, se veía como una especie de archipiélago: fragmentada; trozada. Los diversos grupos y representaciones tendían a distanciarse entre sí, y algunos de ellos montaron por su cuenta actos propios e independientes. Por momentos, amplios huecos se abrían entre una parte de la marcha y otra.

4) Esa característica –la dispersión- me suscitó diversas reflexiones. Me parece que, al cabo, resulta muy simbólico. De haberse tomado una foto panorámica desde el aire, la marcha se habría visto como al modo de un enorme mural que representase lo que es hoy día el movimiento social y, en general, la oposición al neoliberalismo en Costa Rica: un mundo social rico y diverso pero fracturado y dividido, donde sus diversas partes a duras penas dialogan entre sí, si acaso lo hacen.

5) La estética de no pocos grupos dentro de la marcha reforzaban ese simbolismo. Primero, aparecían bien identificados con  base en el uso de ciertos colores e imágenes en sus camisetas, gorras, banderas y pancartas. Segundo, si esos signos externos los unificaban visualmente, las consignas -en su mayoría abstractas y repetitivas- generaban una especie de lazo afectivo y sicológico. El efecto global se podría quizá resumir así: como si hubiese una fuerza interna de gravedad que atraía y sujetaba hacia lo interno, al tiempo que aislaba del entorno; como grupos autocontenidos, resguardados tras un muro invisible.


6) Pienso en las marchas que se realizaron durante las jornadas de lucha contra el TLC con Estados Unidos. Éstas eran incluso más plurales, diversas y multicolores y, además, mucho más grandes. Pero, y no obstante tales características, no se fragmentaban en pedazos más o menos inconexos. Los diversos grupos eran claramente reconocibles en sus peculiaridades distintivas, pero ello no impedía su conjunción. Sin duda existían diferencias de enfoque, pero aún así se lograba configurar como al modo de una enorme marea colectiva que se movía hacia un destino compartido. Esa capacidad de articulación se perdió y, lamentablemente, aún no se reconstruye. Creo que ello quedó bien simbolizado en ese como desmenuzamiento, y en las diversas formas de desencuentro que tuvieron lugar este primero de mayo.

7) Sabemos que, al final, hubo algunos hechos de violencia. He leído escritos que creen ver detrás de esto una gran conspiración urdida por el gobierno y la policía, aparentemente con el fin de “dividir” al movimiento social. Al respecto se me ocurre el siguiente comentario: aún si efectivamente existiese tal conspiración, debería tenerse en cuenta que el asunto tiene al menos dos facetas: la de los presuntos conspiradores, y la de quienes –con su comportamiento político repetitivo y previsible- dan materia prima para que la tal conspiración pueda ser eficaz. Los “actores” de estos bochornosos acontecimientos, no son ni nuevos ni novatos en tales lides. No es la primera vez que lo hacen. Empezando por ahí, se hace dudosa la “inocencia” que algunas personas quisieran atribuirles. Pero, sobre todo, esto habla de un aventurerismo político y una actitud provocativa que da a la policía y al gobierno el pretexto perfecto para cualquier cosa. Eventualmente incluso para las conspiraciones de que alguna gente habla. Y en cuanto a la “división” del movimiento social, conviene reconocer que al gobierno la tarea se le hace fácil. La división del movimiento social es, tristemente, una realidad que resulta imposible negar. Pero, en particular, grupos como estos que reiteradamente escenifican actos de provocación, son especialmente fértiles a la hora de generar división y disenso, incluso porque carecen de toda capacidad para dialogar y transigir. Propongo, pues, un poquito más de sentido autocrítico y, también, un criterio algo más fino a la hora de discernir acerca de las fuentes de las que se alimenta la división del movimiento social.

8) Concluyo resaltando lo siguiente: el movimiento social en Costa Rica es plural y diverso, posee una enorme creatividad y, por ello mismo, un enorme potencial renovador. Pero hay una deuda moral que no ha sido saldada: no estamos damos muestras de poseer la suficiente generosidad y humildad para dialogar y encontrar los puntos de acuerdo desde los cuales articular e impulsar un proyecto alternativo viable, pluralista, persuasivo y genuinamente democrático.

sábado, 4 de mayo de 2013

Costa Rica: redes de corrupción





Costa Rica: redes de corrupción
Luis Paulino Vargas Solís

Hace unos días, en el programa de entrevistas que dirige Laura Martínez en canal 9, dos ministros del gobierno de Chinchilla rechazaban enfáticos las acusaciones de corrupción que se formulaban en relación con “affaires” de infausta memoria como la trocha fronteriza, la “platina” del puente sobre el río Virilla o la malograda concesión de la carretera a San Ramón. Recurrían, primero, al plañido autovictimizante: “estas son acusaciones injustas e infundadas”. Y enseguida discurría así: “lo que se han dado son comportamientos negligentes por parte de  mandos medios de la administración pública”. Vale decir, los figurones de alto nivel –como ellos dos- nada tuvieron que ver ni, al parecer, decidieron sobre nada, en relación con los hechos cuestionados.

Me hizo esto recordar las historias que me cuenta una persona que mucho estimo que trabaja en una importante institución pública a cargo de la gestión del agua. Su función es estrictamente técnica, y sobre esa base debe emitir ciertos dictámenes. Y, sin embargo, recibe frecuentes presiones para que aligere las decisiones o las formule en términos “convenientes”. Una anécdota en particular para mejor ilustrar el punto: un señor empresario le llama urgiendo una pronta resolución en relación con un asunto de su interés y le advierte: “si no, tendré que resolverlo por vía política”. O sea, mediante intervención de algún diputado u otro botellón de similar catadura. Debo enfatizar que esa persona que esto me cuenta, hace su trabajo con absoluta honestidad y seriedad, sin aceptar presiones de nadie.

También rememoro otros hechos, al parecer inconexos. Por ejemplo, la polémica suscitada por la fea, realmente siniestra forma como el partido Liberación intentó –con la complicidad de sus sumisos usuales- fusilar al magistrado Fernando Cruz. O bien -vinculado con esto último- el dicho del diputado Fabio Molina en una entrevista para el semanario Universidad, cuando dijo que el interés de su partido es nombrar magistrados que propicien un “buen clima de negocios”.

Como sabemos, en el caso de la carretera a San Ramón se hizo público que el ministro de transportes, señor Castro, tuvo en el pasado reciente vinculaciones comerciales con la empresa concesionaria. El mencionado sujeto, con total frescura y desparpajo,  lo justificó como asunto por completo anodino e inofensivo. La historia se parece a la de esa empresa de curioso nombre -El Corte Inglés- que manejará los asuntos relacionados con la “portabilidad numérica” de los teléfonos celulares, y la cual ha tenido bien comprobados nexos con una de las “operadoras privadas” (o sea transnacionales de las telecomunicaciones) que operan actualmente en Costa Rica. Al parecer, y en una lógica similar a la que aplica el ministro Castro, la agencia estatal reguladora de las telecomunicaciones (SUTEL) no ve en ello nada impropio.


Estos casos tienen similitud con lo que en Estados Unidos llaman la “puerta giratoria” (revolving door), para designar aquellas situaciones en que sujetos que han hecho negocio en el sector privado, luego pasan al público, a desempeñar funciones vinculadas al mismo sector privado del cual provienen. Los casos de ese tipo son más que numerosos. Véase, por ejemplo, el currículum de quienes han ocupado la presidencia del Banco Central durante, digamos, el último cuarto de siglo. En general, son personajes bien relacionados con el negocio financiero privado.

Y, sin embargo, se nos exige que creamos que todo esto es inocente. Liberman y los otros figurones del gobierno, nos conminan a aceptar que ellos nada decidieron que pudiera implicarlos en el pestilente asunto de la trocha fronteriza, como Castro demanda que creamos que sus vinculaciones comerciales del pasado con OAS para nada influyeron en que se le diera la concesión. Nada importan tampoco las vinculaciones entre El Corte Inglés y una de las compañías transnacionales de las telecomunicaciones, ni la cercanía entre altas autoridades del Banco Central y los negocios financieros privados.


Y, desde luego, se vería como una completa impostura que uno quiera encontrar algún nexo entre todo esto y las retorcidas maniobras que el partido Liberación urde  en la Asamblea Legislativa en relación con el nombramiento de magistrados. Lo usual es vestirlo con esa jerga seudo-técnica acuñada por el Banco Mundial: se trata, dicen, de promover la “gobernabilidad”. Eso, de forma explícita, se dijo en relación con el caso del magistrado Fernando Cruz. Pero el diputado Molina, aunque solo fuese por torpeza, dejó de lado los eufemismos para expresarlo con claridad: se quieren magistrados que faciliten el “clima de negocios”. Por ejemplo: magistrados que no encuentren irregularidades en un caso como el de la minera Crucitas, tan turbio en sus facetas políticas y económicas, como devastador en sus consecuencias ambientales. Y si de “facilitación de negocios” se trata, recordemos que Oscar Arias declaró ese proyecto minero como un asunto de “interés nacional”. Pero los jueces que decidían sobre el tema tuvieron otro criterio, y concluyeron que en todo esto había muchos manejos corruptos, los cuales pringan al mismito Arias. De ahí que el diputado Molina hable de nombrar magistrados que “faciliten el clima de negocios”. En manos de ese tipo de magistrados, el pestilente negociado de Crucitas habría continuado adelante.

Vuelvo a las historia de esa persona amiga, competente y honesta profesional en una institución pública costarricense. Llamadas de empresarios; presiones de jefaturas; intervenciones de altas figuras de la política. Trasladémonos  de escenario: ministros con vinculaciones comerciales con empresas concesionarias; autoridades del Banco Central que han compartido lecho con bancos privados; nexos entre empresas de telecomunicaciones que se supone debería ser por completo independientes;  proyectos empresariales promovidos por altos jerarcas, que descuartizan las arcas públicas pero engordan las ganancias privadas.
 
La trocha fronteriza
Se trata de una densa red de intercambio de prebendas y favorecimientos, en que los intereses privados se interconectan a profundidad con los públicos, y cuyo despliegue práctico está a menudo en manos de especímenes gallo-gallina, trasplantados convenientemente desde el sector privado a altos niveles jerárquicos en las instituciones públicas.

En parte funciona en la penumbra, a través de discretas llamadas telefónicas o alguna “inofensiva” invitación a almorzar en algún exclusivo restaurante. Pero también mediante un control calculado de los mecanismos públicos de decisión, colocados en manos de sujetos proclives al “favorecimiento del clima de negocios”.

En el pasado, estos procesos de saqueo eran organizados por el bipartidismo del PLUSC. Hoy es tarea casi enteramente monopolizada por el Partido Liberación Nacional.

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