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| El infausto viaje de Chinchilla a Perú |
La corrupción en los genes
Luis Paulino Vargas Solís
Cuando se
hizo público que la presidenta Laura Chinchilla había viajado a Perú en un jet
privado, al parecer prestado por una compañía transnacional vinculada al
negocio del gas y el petróleo, tanto ella como su ministro de información,
señor Chacón, insistieron que en esto no había ningún conflicto de interés.
Conocemos muy bien las justificaciones que ofrecieron, por lo que no los
repetiré aquí. Lo simpático de la cuestión –realmente sintomático- es constatar
que ni la presidenta ni su ministro, parecían percibir nada irregular en el
hecho de pedir y recibir dádivas por parte de empresas o sujetos privados. Luego
la cosa cambió, al descubrirse lo del tipo vinculado al narco, pero ya esa es
otra historia.
El tema me
recordó a cierta coordinadora de una maestría en propiedad intelectual en una
universidad pública. En cierto momento se hizo público que algunas tesis de
graduación de los estudiantes de esa maestría, recibían financiamiento por
parte de una poderosa farmacéutica transnacional que, como todas las de su
especie, tiene supremo interés en fortalecer los barrotes de la propiedad
intelectual sobre medicamentos. La señora del cuento –notable abogada- sostuvo
y afirmó que ahí no había nada malo, cuando más bien era una “valiosa
contribución” por parte de tan “desprendida” empresa.
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| Las peligrosas amistades del gobierno |
Más folclórica
fue la pintoresca historia de cierta diputada liberacionista que acostumbraba
irse de picnic utilizando de a gratis una avioneta de propiedad publica. O cierto
presidente ejecutivo del ICE que acudió a la boda de la hija de un diputado,
bien acomodado en un helicóptero pagado con recursos públicos.
Nada
folclórico resultaba, sin embargo, el caso del expresidente Calderón Fournier
en relación con su participación en el siniestro affaire “Caja-Fischel”. Y, sin
embargo, este sujeto siempre ha sostenido que su bien demostrada
participación se redujo a gestiones por
completo normales, nada censurables.
¿Qué hay de
común en todos estos casos? Básicamente una cosa: el convencimiento de que lo
que así se hacía, no tenía nada de reprochable, ni menos aún de punible. Utilizar
aviones graciosamente proporcionados por una compañía extranjera; financiar
tesis de maestría por parte de una gran farmacéutica; hacer “amables” gestiones
para “facilitar” ciertas compras por parte de la Caja del Seguro Social; irse
de paseo a costa de las arcas públicas en avionetas o helicópteros. Todo eso ha
sido visto como asunto cotidiano, tan inocente como echarse una siestita en el
bus o comerse su empanada de papa. No es tema que amerite ninguna indagatoria
meticulosa, ninguna reflexión medio problematizante ¿A quién se le ocurre
hacerse cábalas cuando quiere rascarse la nariz?
Así esta
gente piensa y siente respecto de ese tipo de asuntos: tan insignificante como
tragarse un sorbo de agua.
Se trata de
un proceso de naturalización de la corrupción: como la lluvia en el invierno
o los atardeceres en rojo y oro del verano. Por ello mismo se la ejecuta
mecánicamente. Igual que cuando uno conduce un auto: no necesita pensar para
maniobrar con el volante, simplemente lo hace. Pues esta gente no necesita
pensarlo: simplemente lo hace.
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| Chacón, ex-ministro de información |
Ello da
lugar a una suerte de dinámica o inercia estructural:
las cosas se hacen normalmente para que alguien salga beneficiado, sin que ello
necesariamente garantice que también
haya beneficio para la colectividad. Si éste se da, es como al modo de un
resultado azaroso, una vez que alguien en particular se garantizó un buen
premio.
Pero cuando
digo estructural, con ello sugiero además
que permea el hacer político en forma perdurable, como al modo de una lógica sostenida
en el tiempo. Así, lo que vemos es un fenómeno repetitivo: este tipo de
manifestaciones de corrupción se repiten una y otra vez, a lo largo de varios
gobiernos, y, como es obvio, también en gobiernos y por parte de personajes del
partido Unidad Socialcristiana, y no solo de Liberación. En lo que a este
último atañe, baste recordar algunos hitos que retratan con claridad lo que fue
la segunda administración Arias. Por ejemplo: la criminal manipulación
politiquera de la Caja Costarricense del Seguro Social; el infame decreto de
interés público a favor de la minería a cielo abierto en Crucitas; o el oscuro
“affaire” de las consultorías pagadas con dineros del BCIE ¿Es que los hermanos
Arias han reconocido alguna responsabilidad respecto de estos hechos? Claro que
no lo hacen, porque ellos también viven la corrupción como un hecho natural: aprendido, interiorizado
y ejecutado maquinalmente, como pedalear en la bicicleta una vez que uno
aprendió a hacerlo. Lo cual, como es obvio, no les quita una onza de culpa y
responsabilidad.
Entonces,
metafóricamente uno podría decir que el PLN y el PUSC son partidos que llevan
en sus genes -y circulando en el torrente de su sangre- la corrupción. Si el
condicionamiento genético hace que uno deba comer algo cada día, igual esa
suerte de “condicionamiento genético” de estos partidos y sus dirigentes, les
hace actuar, cotidianamente, en forma corrupta.
Pero el
asunto es más complejo y va más allá del ámbito público y político. Es fácil
multiplicar los ejemplos. Como cierto empresario de quien se hicieron públicas
sus grandes deudas con la Caja. Su justificación: “…de por sí, la Caja no
sirve”. La trocha fronteriza, la carretera a Caldera o el aeropuerto, son casos
donde intereses privados han usufructuado –pero sin gota de escrúpulo- de
recursos de la colectividad. Los fenómenos generalizados de evasión tributaria
e incumplimiento de las cuotas de la seguridad social son igualmente asumidos
con la frescura de quien considera que robarle a la sociedad es cuestión
natural, lo propio de sujetos “inteligentes”.
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| A propósito de amigos poderosos... |
Claro que en
los tiempos previos al neoliberalismo existía corrupción. Pero es muy plausible
que el asfixiante ambiente ideológico que éste ha impuesto, ha contribuido
poderosamente a naturalizarla. Recordemos
que esta ideología proclama y exalta que lo único que vale en la vida es el
dinero, el consumo, el despilfarro y el poder. Los partidos políticos –y en
especial aquellos que son portaestandartes del neoliberalismo- han quedado
completamente atrapados en esa lógica perversa.
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Costa Rica: redes de corrupción
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