martes, 29 de noviembre de 2011

La profesión médica en la picota


Yo no querría hoy ser médico
Luis Paulino Vargas Solís

Tiempos de mi niñez zarcereña, acaso tercer grado de la escuela. El Dr. Zapata era un personaje del pueblo; querido y admirado. Médico en el dispensario de salud de la Caja y líder en la promoción del deporte entre la juventud de Zarcero. Fue el primer médico admirable con el que me crucé en mi vida.

Pasados los años conocí otros médicos y médicas a quienes no he podido sino respetar.  Inigualable fue la oportunidad que me dio la vida de conocer al Dr. Rodrigo Gutiérrez, un médico excepcional para quien la medicina era un apostolado que le permitía vivenciar su lucha incansable por la justicia.

También Oscar, por años médico y confidente de doña Adalía, mi dulce madrecita de mejillas sonrosadas y manitas regordetas. En sus ochentas, y durante los años previos a su muerte, mi madre tuvo en ese médico un hombre que con infinita paciencia y amabilidad escuchó sus preocupaciones y alivió sus achaques de vejez.

En la UNED, donde trabajo, y bajo el sistema de “médico de empresa”, me he encontrado médicas sumamente competentes y amables. En relación con asuntos que me resultan de grandísima importancia, me he topado con un médico de apellido Solano que ofrece una gratificante combinación de rigor profesional, paciencia y  cortesía. Pablo, con quien me une un cierto grado de amistad, es un médico tan llano y sencillo en su trato, como humano en su concepción del ejercicio profesional de la medicina.

La huelga convocada por el gremio médico, en particular la de los especialistas en anestesiología, me ha traído a la memoria esos médicos y medicas notables que he conocido. Sobre todo a la luz de la feroz indignación popular que esto ha suscitado.

No me interesan los desaforados exabruptos de las autoridades de la Caja o de los medios de comunicación, siempre proclives a la manipulación en favor de una siniestra agenda oculta. Me atengo tan solo al daño que esto provoca a la vida de personas humildes. Que quienes tienen dinero no perderán el tiempo buscando atención en los hospitales de la Caja. Para ello buenos son los lujosos consultorios y habitaciones del CIMA, la Bíblica o el “hospital-hotel” La Católica o, incluso, los carísimos hospitales de Miami o Houston, cuando del pináculo plutocrático se trata.

Y, sin embargo, ha circulado información que demuestra que los médicos y médicas de anestesiología sí tienen razones fundadas para protestar. El riesgo que comporta su trabajo, las jornadas extenuantes, las insatisfactorias condiciones de infraestructura. Todo habla de la impericia y la irresponsabilidad de los diversos gobiernos, presidencias ejecutivas y juntas directivas a lo largo de los últimos 27 años. He ahí el legado criminal del neoliberalismo, que los partidos Liberación y la Unidad nos han impuesto.

No obstante lo anterior, sigue siendo válida la pregunta: ¿se justifica esa huelga?

¿Es que no había otra forma de plantear el problema, incluso de modo que resultase más persuasiva para quienes necesitamos de la Caja? Más persuasiva, sí, pero, por sobre todo más humana, es decir, más sensible ante el derecho a la salud de nuestro pueblo y las exigencias que plantea el momento actual, cuando la prioridad central debe ser rescatar y fortalecer la Caja.

Estoy seguro que sí existen otras vías, y que un poco más de humildad y desprendimiento por parte de las arrogantes representaciones gremiales de los médicos, les habría granjeado mucho más apoyo, comprensión y solidaridad, con lo cual su reclamo ante las autoridades de la Caja habría gozado de mucha mayor legitimidad y fortaleza. Pero actuar de esa forma, en diálogo franco y abierto con la ciudadanía y sus organizaciones, supondría que su actuación respondiese a una preocupación auténtica y sincera por la Caja y a un compromiso genuino con el pueblo humilde.

La evidencia nos dice otra cosa: el gremio médico se lanza a una huelga que violenta los derechos más básicos de nuestra gente, y cuando pretenden encubrir su actuación con apelaciones a problemas graves en el funcionamiento de la Caja, olvidan que para hacer creíbles sus dichos, primero debieron dialogar respetuosamente con la población usuaria. Pisotear con tal violencia los derechos a la salud y a la vida de nuestro pueblo no es precisamente una forma inteligente de convocar su apoyo y comprensión.

El sindicalismo tradicional –en este caso sindicalismo de cuello (y gabacha) blanca- ratifica así sus graves limitaciones históricas, que tanto le han facilitado la tarea a sus enemigos. En particular, se reincide en formas de lucha y protesta probadamente ineficaces, así como en una triste incapacidad para innovar en sus planteamientos y estrategias.

Pero, sobre todo, esto debería plantear una seriecísima interpelación ética a loa médicos y las médicas que aún creen que el ejercicio de la medicina exige honestidad, vocación, sensibilidad y compromiso humanista.

El gremio médico de Costa Rica está hoy ante un predicamento extremadamente delicado. Costa Rica, su pueblo entero, les mira con ojos de indignación y de duda. Se les percibe, casi unánimemente, como un gremio corrupto, carcomido por las ansias de lucro, poder y prestigio. Y si eso es grave cualquiera fuese la profesión de que se trate, lo es mucho más cuando de por medio está la salud y la vida de las personas.

Quienes ejercen la medicina son profesionales indispensables en cualquier sociedad contemporánea. Pero jugar con la salud de las personas en favor del peculio personal es criminal. No merece perdón y no obtendrá perdón. El pueblo de Costa Rica se los va a cobrar muy caro, si no son capaces de rectificar a tiempo.

Los médicos y médicas que trabajan con honestidad –y el número sigue siendo grande - deben ser quienes lideren el urgente proceso de saneamiento del gremio médico. Han de hacerlo en bien de su dignidad como profesionales y como personas, y por la recuperación del sentido de humanidad, solidaridad y compromiso en el ejercicio de una profesión en la que se juega la vida misma.

6 comentarios:

  1. Dr. Rodrigo Cabezas Moya30 de noviembre de 2011, 21:34

    De acuerdo con lo expresado por Luis Paulino. Esta o la anterior huelga no solo no ayudan a la imagen de los médicos sino todo lo contrario.
    El argumento de las vacaciones profilácticas no es válido, pues en dos semanas fuera del quirófano no se ¨ destoxifica ¨ nada.
    Aparentemente es correcto el argumento del mal manejo de los gases anestésicos en los quirófanos de la Caja. Pero corregir el problema y no pagar lo que se pide es infinitamente más barato y saludable de lo propuesto.
    Esto es un atentado contra la salud de los usuarios que durante muchos años han pagado por un servicio que no están recibiendo.

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  2. Hola Luis Paulino, como siempre es un gusto leerlo. Yo todavía creo en el gremio médico que defiende la caja. Si creo en la huelga y la restitución de los médicos despedidos pero coincido con usted en que es fundamental que el gremio explique a la población usuaria y negocie para tener más apoyo. Como lo he dicho en otros espacios. El estado en que se encuentra la caja es producto de un sabotaje neoliberal y no solo con esta querida institución, con todas las demás. Por eso pienso que debemos tener cautela en qué, cómo y donde planteamos nuestras razonables críticas. Un abrazo para usted.

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  3. Debemos profundizar más sobre el problema caminando para atrás en el tiempo y sentar las responsabilidades de las personas y grupos que han impedido que se formen más especialistas en anestesiología. Hay que ver cómo andan las cosas desde antes para ver si no son ellos mismos los que han creado el caldo de cultivo para esta situación de la cual ellos se victimizan.

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  4. Estos médicos (casta privelegiada) que se autodomian doctores (licenciados en medicina), han tejido una red de poder político y económico en la sociedad costarricense, que se extiende en todo el tejido social: universiades, partidos politicos, empresas, etc. Hasta en la mente de algunas personas han fomentado el culto a ellos mismos (recordemos como se encendieron velitas a "doctores", algo así como a un santo en la tradición catolica). Hasta casta privelegiada, mantenida, como todas las castas, por la mayoría de los trabajadores, en 1990, bajo pena de muerte de la población, intimidaron, hasta que la ley de servicio médicos fue oficializada, permitiendo a infinito, ubicarse salarialmente sobre encima de cualquier mortal funcionarios publico

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  5. Lo felicito, Luis Paulino, por su articulo. En mi opinion define muy bien lo que sentimos muchos costarricenses ante la visible falta de humanidad de los medicos por favorecer sus bolsillos. Los medicos y medicas que como dice usted -aun son muchos- y que son personas con vocación, responsables y con capacidad de dialogo, son quienes deben liderar al gremio. Solo mereciéndoselos llegarán a tener esos líderes.

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  6. Totalmente de acuerdo. Los médicos como cualquier profesional tienen un compromiso social ineludible.

    Aprovechamos para invitarle a firmar esta petición:

    http://www.avaaz.org/es/petition/Llamado_a_una_alianza_nacional_para_salvar_la_democracia_1/

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