lunes, 5 de diciembre de 2011

El acelerado proceso de integración latinoamericana



integración regional
Brasil impone su modelo
lunes 05 de diciembre de 2011

Por Paco Gómez Nadal

Quien piense que la constitución de CELAC o las reuniones previas en Caracas de UNASUR son versiones de las Cumbres Iberoamericanas o meros actos propagandísticos no sabe lo que se cocina en el continente. Latinoamérica y el Caribe dan pasos de gigantes tan necesarios como peligrosos, con el marchamo de Brasil. Conoce el nuevo y soberano “paradigma del Sur”.

La CELAC nace a la sombra del verdadero órgano político del Sur: UNASUR
 “Si en el pasado tuvimos una receta que nos impusieron, que fue el consenso de Washington, ahora nosotros creamos nuestro propio paradigma en el Sur y el mundo debe oírlo”. María Enma Mejía.

Hay medios de comunicación y analistas que gustan de quedarse en la epidermis de los hechos políticos. Visto así, el nacimiento de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) o los avances de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) se cuentan con anécdotas: que si Hugo Chávez ha dicho esto, que si Raúl castro ha dicho aquello; que si Chávez le regala un cuadro a Cristina Fernández o que si el viejo Mujica se queja de aquello otro…

Eso tiene público y es fácil. En los países del Norte han relegado la noticia del nacimiento de CELAC a la última página y en los diarios de la élite del Sur la dimensión dada a este acontecimiento político peca de enanismo. Los acuerdos de los ministros de UNASUR merecen, si acaso, notas en medios especializados en economía. Mientras se impone esta sombra informatica, los estados de Latinoamérica y del Caribe dan pasos muy calculados hacia la autonomía política y el desarrollo económico capitalista. Lo primero es esperanzador; lo segundo, con la batuta brasileña marcando ritmo, puede ser tan beneficioso como peligroso (por el desarrollo de megaproyectos que atenten contra los pueblos y calienten el volcán social).

CELAC nace a la sombra, o con el empujón, de UNASUR, excluye a Estados Unidos, da peso a Cuba y a El Caribe, más allá del Caribe hispanohablante, incluye a México pero no como contrapotencia de Brasil, y respeta el papel de Venezuela como nuevo puente diplomático en la región. Una arquitectura compleja para una nueva forma de entender la integración que, de momento, no tendrá estructura organizacional propia ni más poder regional que el que quiera ceder UNASUR.


La brújula de UNASUR

UNASUR no es un club de amigos. Es un proyecto a mediano y largo plazo que es la punta de lanza de la nueva voz de América Latina y que, extrapolado a la CELAC, debe certificar el final de la injerencia estadounidense en esta megarregión de 600 millones de habitantes.

Fundada oficialmente en mayo de 2008, en Brasilia, UNASUR cuenta con doce países suramericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. En sólo 3 años, UNASUR –con 390 millones de habitantes y el 5,9% del PIB mundial- ha cambiado la realidad del continente. Primero, con hechos de integración política y de peso diplomático en la gestión de los conflictos del Sur. Después, mostrando los dientes con proyectos específicos de consecuencias definitivas.
Hace apenas unos días, el 30 de noviembre, se reunía en Brasilia el Consejo Suramericano de Infraestructuras y Planeamiento (Cosipan). Allí, según relataba  los medios económicos, se definieron 31 proyectos prioritarios con una inversión de 13.700 millones de dólares. Los corredores ferroviarios (Brasil-Chile y Brasil-Bolivia-Chile) y las megacarreteras (Venezuela-Colombia-Ecuador y Perú-Brasil) que garantizarán las salidas al Pacífico de las exportaciones brasileñas son el núcleo duro de este plan de inversiones que va hasta 2022: una lista selecta del conocido IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana). El plan demonizado por las izquierdas continentales es ahora asumido por UNASUR como propio.

Hace apenas unos días, el 30 de noviembre, se reunía en Brasilia el Consejo Suramericano de Infraestructuras y Planeamiento (Cosipan). Allí, según relataba  los medios económicos, se definieron 31 proyectos prioritarios con una inversión de 13.700 millones de dólares. Los corredores ferroviarios (Brasil-Chile y Brasil-Bolivia-Chile) y las megacarreteras (Venezuela-Colombia-Ecuador y Perú-Brasil) que garantizarán las salidas al Pacífico de las exportaciones brasileñas son el núcleo duro de este plan de inversiones que va hasta 2022: una lista selecta del conocido IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana). El plan demonizado por las izquierdas continentales es ahora asumido por UNASUR como propio.

Esta noticia significa la ratificación de un modelo agroindustrial y extractivo en el que Brasil lleva el liderazgo mientras el resto de países de la región tratan de beneficiarse por los laditos. De hecho, el grueso de estas inversiones serán financiadas por el banco público BNDES de Brasil. No hay casualidades en este modelo, sino la necesidad del proyecto subimperial brasileño de ganar la salida al Pacífico, de imponer sus criterios en Mercosur y de afianzar su papel de semáforo regional ante el avance de otras potencias como China o los posibles intentos de Washington de reeditar viejas épocas de control.

En el Norte global, todos los cañones enfilan contra Hugo Chávez, en un ejemplo de ceguera -por desprecio o por interés- y de facilidad. Pero, en realidad, es Brasil quien imanta la brújula del bloque, orientado al modelo extractivo de recursos y energía, así como de monocultivos intensivos que son, al mismo tiempo, los que mayor conflictividad social generan en la región. Países como Perú pueden adjudicar el 71% de los conflictos sociales a temas relacionados con la minería y un 8% a los hidrocarburos, así como el 3% tiene que ver con la gestión de los recursos hídricos (reporte de Conflictos Sociales No 62). Un patrón similar se repite en Bolivia y en Ecuador. Si el desarrollismo gana en esta definición soberana de América Latina y El Caribe la reacción de los sectores excluidos puede ser violenta y la culpa se repartirá entre los propios Gobiernos del Sur y los aliados inversionistas del Norte.

La Defensa

La realidad es más angulosa de lo que trasluce en las noticias. UNASUR tiene muchos comités, pero ninguno de Derechos Humanos o de participación política. Los grandes temas son las infraestructuras, la energía, la conectividad y… por supuesto, la Defensa. Es evidente que no hay construcción de poder regional sin una vocación militar integrada y eso UNASUR lo tiene claro.

La reunión extraordinaria de Ministros de Defensa de los 12 se celebró en Lima (Perú) unos días antes del nacimiento de la CELAC. Allí quedó claro que los objetivos son, entre otros, crear una agencia espacial regional y desarrollar aviones no tripulados –como los que están agrietando a punta de bombas sin rostro Pakistán o Afganistán-.

El discurso tiene matices, como que el programa espacial será con fines pacíficos, pero parece bastante ‘militar’ el proyecto de avión caza de entrenamiento que lidera Argentina o el del avión no tripulado que coordina Brasil. Tal y como confirmó el ministro de Defensa de Argentina, Arturo Puricelli, se trata de avanzar en el campo de la ciencia, la tecnología y la industria… pero aplicado a la defensa.

El Consejo Suramericano de Defensa (CSD) pone a todos de acuerdo y mereció las felicitaciones de la colombiana María Enma Mejía, secretaria general de UNASUR en este puesto rotatorio. Nadie podrá echar en cara, entonces, que Brasil haya desplegado casi 7.000 soldados en su frontera amazónica con Bolivia o las inversiones millonarias en Defensa de Chile o Colombia.

Soberanía por los cuatro costados

Cuando la CELAC esté madura para sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA) –momento que llegará antes de lo esperado-, UNASUR ya habrá allanado el camino para la consecución de un bloque regional más integrado de lo que quisiera Estados Unidos o, incluso, Europa.

Fue en la IV Cumbre de las América, en Mar de Plata, cuando Argentina, Brasil y Venezuela tumbaron el proyecto estadounidense del ALCA (el tratado de libre comercio continental) y pusieron en marcha un modelo más pensado de lo que se podía imaginar entonces. Néstor Kirchner, el que fuera presidente de la Argentina, lo dejó claro en su discurso: “La única manera de hacer sustentable el proceso de desarrollo es el incremento de la creación permanente de riqueza. Hace falta que en los programas macroeconómicos la variable distributiva se tenga presente y lo esté activamente. Se trata de que se aumente la producción, la inversión y por ende la creación de riqueza, y de ayudar a distribuir mejor la riqueza que se crea”. Es decir, más capitalismo pero con una lógica ‘social’. Café para más gente pero, ante todo, más café.

Esta última década ha supuesto la consolidación de Brasil como potencia emergente, ha demostrado viable la estrategia de cooperación Sur-Sur impulsada de forma radical por Venezuela, y ha confirmado que los viejos modelos de la derecha –que siguen imperando en México, Guatemala o Colombia- no han logrado mejores resultados.

En este 2011, se podría decir que asistimos a la confirmación de la estrategia cuya ecuación clave es la de autonomía y cooperación. Autonomía respecto al Norte Global y cooperación para equilibrar fuerzas.

En esa línea, el 29 de noviembre, los ministros de Comunicación y Tecnologías de la Información de UNASUR firmaron un compromiso trascendental en Brasilia. Ese día, anunciaron el desarrollo del llamado mega-anillo de fibra óptica. Si Venezuela se ha empeñado en romper el bloqueo cibernético que sufre Cuba tendiéndole un cable directo, UNASUR pretende acortar distancias y evitar que Washington pueda fisgonear el tráfico de datos de Latinoamérica y del Caribe, cuyo 80% pasa por Estados Unidos.

Hasta el día de hoy una conexión a Internet entre países vecinos en Suramérica tiene que pasar irremediablemente por el Norte. En dos años, el mega-anillo de 10.000 kilómetros de fibra óptica de UNASUR supondrá una revolución no armada frente al poder hasta hace poco imperial de Estados Unidos. Por si faltaba algo, Brasil va a presentar en el seno de Naciones Unidas una iniciativa para “democratizar” Internet. “Tal y como está Internet no es inclusiva, no es segura, no es justa ni deseable”, explicaba el embajador de Brasil en la ONU, Tovar da Silva Nunes, al criticar el control casi absoluto que tienen de la red las empresas estadounidenses.

Si el parlamento de Uruguay da su aprobación –es el último que resta-, el Banco del Sur abrirá sus puertas con unos 6.000 millones de dólares en fondos y 7 miembros
María Enma Mejía ya dijo en Caracas este sábado que el tema de la fibra óptica y del alojamiento web en Estados Unidos es “un asunto de soberanía” y, lo que se está cocinando en América latina y El Caribe es, probablemente, el momento político soberanista más importante desde las independencias ‘controladas’ de las colonias europeas.

Las próximas citas son clave. Primero, el 15 de diciembre, debería nacer el Banco del Sur, una iniciativa impulsada en un inicio por Venezuela y repotenciada por Brasil. Si el parlamento de Uruguay da su aprobación –es el último que resta-, el Banco del Sur abrirá sus puertas con unos 6.000 millones de dólares en fondos y 7 miembros: Brasil, Argentina y Venezuela como principales accionistas, Ecuador y Uruguay siguiéndolos y cerrando el grupo Bolivia y Paraguay. Esta institución será la precuela del denominado Fondo de Latinoamericano de Reservas (FLAR). Es decir, toda una arquitectura financiera y monetaria soberana, alejada de los, hasta ahora, árbitros de las economías nacionales del Sur: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Después, a finales de enero de 2012, el Consejo Energético de UNASUR debe cerrar un tratado regional en la materia que complemente el plan de inversiones del Consejo de Infraestructuras.

El proceso es imparable y quizá sea significativo y simbólico que la secretaria general de UNASUR, designada por el presidente conservador Juan Manuel Santos, reproduzca un lenguaje, además, impropio de las élites colombianas. Para ella, los avances de UNASUR y de la CELAC demuestran que la región "ahora está dando y dictando su propia receta de Sur". “Si en el pasado tuvimos una receta que nos impusieron, que fue el consenso de Washington, ahora nosotros creamos nuestro propio paradigma en el Sur y el mundo debe oírlo”.


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