Crisis mundial:
implicaciones para Costa Rica (I)
Luis Paulino
Vargas Solís
Hablando de la crisis económica mundial, la conclusión
más realista es la siguiente: esta crisis no encontrará una solución pronta ni más
o menos satisfactoria.
El asunto se prolonga ya por un lustro completo, y
amenaza tener larga vida. Empezó hacia 2007 en Estados Unidos, con el
descalabro de las llamadas hipotecas basura, lo que a su vez trajo,
primero el frenazo de la especulación inmobiliaria y, enseguida, el desplome de
los precios del suelo y la vivienda. Empezó entonces la crisis hipotecaria convertida
en una epidemia devastadora que lo mismo arrebataba su casa a millones de
familias, que empujaba al abismo la diversificadísima gama de instrumentos
financieros especulativos gestados a partir de las hipotecas. Enseguida, la
crisis hipotecaria mudó en crisis financiera que arrastraba a prácticamente
todos los bancos más importantes en Estados Unidos y Europa. Su siguiente, y
casi inmediata mutación, fue su transustanciación en una recesión violenta, de
alcances planetarios.
La intervención pública en una escala sin precedentes
históricos, frenó lo que de otra manera habría sido un colapso generalizado del
sistema bancario transnacional. Así, aquellos que, desde la banca, propiciaron
la crisis a través de juegos especulativos supremamente irresponsables, se
beneficiaron con el apoyo de fondos públicos por cifras astronómicos. Los
profetas del anti-estatismo más rabioso, que también lo son de la avaricia sin
freno, fueron salvados por el odiado Estado, pero a costa del contribuyente de
a pie. Y fue ese mismo estado –y los fondos públicos que este movilizaba- los
que frenaron la recesión, de forma que, si bien no se impidió que esta causase
enormes estragos, cuando menos se logró que no se degradara en una depresión
mundial.
Tras la Gran Recesión, vino la macilenta recuperación. La
historia de esta última empieza hacia los últimos meses de 2009, y en lo que a
Estados Unidos se refiere, se remonta hasta el momento actual. En términos
generales, podríamos decir que ha ocurrido aproximadamente lo que Krugman
anticipó: un estímulo fiscal limitado tan solo permitió evitar lo peor pero no
poner a la economía en un sendero de recuperación firme y sostenida. De tal
forma, lo mejor que podría decirse de la economía estadounidense es que durante
cerca de tres años ha evitado caer nuevamente en recesión. Pero apenas se
mantiene unos centímetros por encima de esta. En este lapso ha tenido breves
empujoncitos, invariablemente seguidos de pronunciados frenazos; el último ha
tenido lugar durante el reciente trimestre marzo-abril-mayo. El problema del
desempleo sigue siendo muy grave, mientras la deuda constituye una terrible
amenaza. Y, por cierto, no necesariamente una amenaza para el largo plazo.
Incluso podría serlo para el muy corto plazo, en vista de las tensiones
políticas que ello genera desde una ultraderecha republicana dogmática e
intransigente.
La historia en Europa tiene sus peculiaridades y, como es
obvio, resulta incluso mucho más tétrica. Desde que se dieron a conocer las
irresponsables manipulaciones de las cuentas fiscales por parte del gobierno
griego, se desató una espiral autodestructiva centrada en las deudas públicas
de los países llamados periféricos. Arbitrariamente se ha querido generalizar a
partir del caso griego, para asegurar que el problema se origina en el exceso
del gasto y la deuda pública. Para Grecia esto es cierto solo en parte. Del todo no lo es en otros casos. En lo que Irlanda se refiere, el problema claramente se origina
en los excesos especulativos de la banca, ante lo cual se produjo la
movilización de recursos públicos por montos realmente brutales, dado lugar a
déficits fiscales extremadamente altos. También en España el problema se ubica
por el lado de la especulación inmobiliaria desbocada. Frenar la crisis demandó
elevar los déficits fiscales, pero no es un dato menor el de que, no obstante
esto último, todavía la deuda pública española –proporcionalmente a su PIB-
siga siendo bastante menor que la alemana. Y, sin embargo, es España –y no
Alemania- la que está al borde del colapso. Lo cual recuerda que Italia,
también bajo asedio, no es un país cuyos gobiernos –no obstante la presencia de
indeseables como Berlusconi- puedan ser acusados de irresponsabilidad fiscal.
Aunque esta crisis en Europa ha estado centrada en la
deuda pública, en realidad no es una crisis de la deuda pública. Quizá lo sea
en parte para el caso de Grecia, pero difícilmente se podría afirmar lo mismo
de otros. Primero, porque los problemas del déficit fiscal y la deuda surgieron
principalmente como respuesta obligada ante la crisis financiera y la
consecuente Gran Recesión, y tendieron a agravarse y perpetuarse cuando la
recuperación posterior fue débil y vacilante. Segundo, porque todo esto se ha
visto agudizado en virtud de los juegos especulativos contra los gobiernos más
débiles. De por medio hay una institucionalidad –construida a lo largo de
decenios de predominio neoliberal- que entrega un poder asesino a los agentes
de la especulación financiera global.
La cuestión se agrava cuando las dirigencias políticas
europeas responden básicamente amoldándose a ese poder, institucionalmente
sancionado, de que disponen los capitales especulativos. Todo se ha hecho
intentando satisfacer sus caprichos, en un juego destructivo que conlleva
costos sociales y humanos brutales. De ahí que la crisis económica se transmute
en crisis política y, correlativamente, en un agudo proceso de pérdida de
legitimidad de los sistemas políticos europeos.
Así pues, y al cabo de cinco años, podemos hablar de una
crisis que va mudando como si fuera un organismo mutante. Es un síndrome de
turbulencias globales que no da respiro. Resulta absurdo imaginar que pueda
resolverse pronto. Hasta en el mejor de los casos, sus secuelas se prolongarán
todavía por muchos años.
En ese contexto, repasemos brevemente la posición en que
se sitúa Costa Rica: la estrategia económica seguida por nuestros gobiernos
desde hace casi treinta años, se basa en tres pilares y se vincula a dos mercados
principales. Los pilares son: exportaciones, turismo e inversión extranjera.
Los mercados son: primero, Estados Unidos; segundo Europa. Aquellos tres
pilares funcionan como al modo de correas de transmisión que nos conectan a
estos mercados.
Siendo que la crisis en Estados Unidos y Europa es de
enormes proporciones y amenaza tener secuelas perdurables ¿es sostenible ese
modelo económico aplicado en Costa Rica?
Este artículo tiene continuación en el siguiente:


Escalofriante, mi amigo
ResponderEliminarQue bueno!!!!
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