Luis Paulino Vargas Solís



Nací en Zarcero, el 6 de febrero de 1958, hijo de Adalía y Jorge, dos seres humanos maravillosos que supieron sembrar mi vida de amor y esculpieron en mi alma, con letras de fuego y oro, el significado preciso de palabras como lealtad y honestidad. Hoy viven en mi corazón y su ausencia es inmensa como un océano de hielo. Fui el tercero de cuatro hermanos, el segundo de los cuales falleció  a los 21 años, cuando yo tenía siete. Hice la primaria en la Escuela Otilio Ulate Blanco, allá en Zarcero, donde tuve tres maravillosas maestras: Marita, Teresita y Miriam. La secundaria fue en el Colegio de Zarcero y mis estudios universitarios en diversos lugares (incluyendo una estadía en Europa), si bien la Universidad de Costa Rica es, sin duda, mi alma máter. También guardo entrañable cariño por la Universidad Nacional. A lo largo de muchos años en las aulas, estudié cosas como economía, relaciones internacionales, ciencias políticas, políticas públicas y algo de sociología. Al cabo tengo varios cartones donde constan varios títulos universitarios, incluyendo un doctorado.

He publicado doce libros. Dos más andan ahí, como proyectos en proceso, un poco abandonados porque mi trabajo actual no me permite más, pero con un millón de ideas en mi cabeza, que espero plasmar en esos trabajos en algún momento futuro, ojalá no muy lejano. En el año 2011 recibí un Premio Nacional Aquileo Echevarría por uno de mis libros: "El candado y la llave: ideología y realidad de la propiedad intelectual" (EUNED, 2010).

He trabajado con la Universidad Estatal a Distancia (UNED) desde 1982. He ahí un gran amor que atesoro en sitio privilegiado de mi corazón. Desde septiembre 2010 soy Director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE), el cual es parte de la Vicerrectoría de Investigación de la UNED. Ahí me deleito y me honro trabajando a la par de un grupo de gente –en su mayor parte mujeres y hombres muy jóvenes- de magníficas cualidades profesionales, intelectuales y humanas. Es un proyecto académico al que le he puesto todo mi corazón, pero el cual comporta complejidades administrativas que me quitan muchísimo tiempo. Ahí estaré por todo el tiempo que sea necesario…o bien, el que yo logre aguantar o el que me quieran conceder mis compañeras y compañeros, según la confianza que tengan la generosidad de depositar en mí.

A estas alturas de mi vida presumo de haber vivido mucho y muy intensamente. Dichosamente no aspiro a ser diputado, ministro ni ocupar ningún puesto “importante”. Es que hay ciertas circunstancias de mi vida (que más abajo menciono) que dificultan que mi trabajo sea apreciado por su valor intrínseco (suponiendo que lo tenga). Hay un algo -que no se dice o que simplemente se disimula- que, con la excepción de pocas personas, establece al modo de una barrera  más allá de la cual cualquier esfuerzo que yo haga, por grande que fuere, resulta siempre insuficiente. Por ello he aprendido a domar mis aspiraciones; porque sé que, incluso cuestiones insignificantes, conllevan un desgaste excesivo.

Creo que a veces he sido muy feliz, pero también conozco la amargura del dolor más desconsolado. Lo importante es que estoy vivo y que deseo continuar la lucha por la vida. Y esa vida, por cierto, está marcada por un detalle personal que en nuestra sociedad adquiere una importancia que me parece desproporcionada y, por ello mismo, injusta y dolorosa: soy un hombre gay. Desde que tengo consciencia de mi sexualidad -pero incluso desde mucho antes de ese momento- lo soy. Y ello gratuitamente ha traido a mi vida grandes espacios de soledad y silencio, como también terribles niveles de violencia. Aunque ello, al cabo, es probable que me haya hecho más fuerte, puesto que de otra manera quizá no habría sobrevido.

Lamento que a tanta gente no le guste. Agradezco y aprecio cuando, en cambio, se me respeta y acepta. Y al vivir lo que soy -que deshonesto conmigo mismo habría sido pretender vivir lo que no soy- un nombre aparece inscrito con letras de oro: el de Jorge, a quien la muerte lo arrebató de mi lado. Pero como la vida se vive viviéndola, y vivir significa redescubrirse y reconstruirse a cada paso, termino diciendo que Jonathan es hoy mi compañero y que nos une un amor inmenso que, a lo largo de trece años, ha echado raíces cada vez más firmes y profundas.

2 comentarios:

  1. Buenas noches, don Luis, me gustaría saber si usted a realizado algún comentario sobre la crisis alimentaria pero a nivel de costa rica,sabes lo que esta ocurriendo a nivel mundial pero que tanto nos estamos viendo afectados. Agradezco su comentario al respecto..

    Saludos..

    Luis Miranda

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  2. Una trayectoria impresionante Luis Paulino. Primera vez que paso directamente por su blog, en el cual encuentro textos muy interesantes.
    Un abrazo

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